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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

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Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 19
    Septiembre
    2012

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    Nacionalismos, reyes y quimeras

     

    Habló el rey de España y subió el pan en Catalunya y en la Euskal Herría liberada; o sea, en la cismontana, la que cae del lado en el que crecen las quimeras…
    Habemus nueva escena: ha entrado el rey en la acción. Tal vez ello marque una nueva deriva en esta representación que una parte del público bien podría titular “La tragedia de la desmembración de una nación” y la otra, “La epopeya de la liberación de una nación”. O tal vez no; quizás se trate simplemente de una escena más de una obra cuyo final nadie ha querido escribir aún…
    En cualquier caso, haya o no punto de inflexión en la trama de un argumento tan previsible y tan cantado, tan vendido por una de las partes, y con la otra, parece que preparando ahora su estudio de mercado, bien se podría hacer un breve apunte desde estas líneas destinadas al discreto encanto de un rincón por donde casi nadie pasa: las intrigas por el tamaño de las patrias, a lo largo de la historia, han importado mucho más a los reyes que a los súbditos; pero son éstos los que al final han tenido que poner la hacienda, la honra y la vida en las guerras que provocan los pleitos de soberanos. Y después, los supervivientes, y los deudos de los muertos, han tenido que reconstruir las patrias, a costa de nuevos sufrimientos y grandes privaciones. El balance es triste: miles, millones de vidas entregadas a las causas de unos pocos
    En España hace mucho tiempo que florecieron los campos donde se libraron muy cruentas batallas, y la gente empezó a disponer de su vida según su voluntad, sin reparar en si su patria era más grande o más pequeña, pues el hombre común solo necesita un poco de tierra sobre la que asentar su tienda, y ni siquiera necesita que sea suya. La gente ha llegado a tener, durante mucho tiempo, el bienestar al alcance de su mano pero ahora, que una crisis económica se cierra sobre Europa, aquí, en alguna esquina de este reino, no sé si imposible, se desentierra de nuevo una bandera para ponerla donde luce la del rey. La enseña y su mensaje van teñidos de sentimientos más o menos arraigados en el pueblo, pero tras ellos se ocultan, sin duda, intereses de otros reyes…
    Ojalá tanta historia no haya pasado en balde y la ciudadanía de este tiempo sepa escuchar con escepticismo las soflamas que mandan publicar quienes enredan. Porque sin duda plantearán enredo: los de una parte llevan ya muchos años preparándolo, y los de la otra, quizás han decidido esperarles en este punto. Quizás fuese de esperar, en realidad; tal vez sea cierto que un nacionalismo solo se puede combatir con otro de signo contrario: son ideas de ayer que no se atienen a razones de hoy, y pueden complicar mucho el mañana.
    En cualquier caso lo importante es que tras las banderas que representan estas ideas, no forme una multitud dispuesta a morir por ellas. Ojalá la quimera sólo sea un monstruo de fantasía, y no abrase a la gente con fuego real.

     

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