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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 21
    Marzo
    2013

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    Ni espadas, ni palabras

     España está desahuciada de esperanza. Las constantes vitales del pueblo, postergado en el lecho del oprobio, no alcanzan los niveles compatibles con la vida de una ciudadanía con derechos. La clase dirigente, ese conglomerado de personas, grupos y sociedades encaramados en las cimas del poder político, financiero e institucional, está demostrando ser, en una medida inimaginable no hace mucho, carne corrompida. Pero siendo esto muy grave, no lo es menos que los segundos y terceros niveles del poder son carne de esa carne...

    La tentación aguarda en la ocasión y en ella han caído muchos más de los que la salud democrática de un país puede aguantar. El nivel de corrupción detectado es inasumible. El nivel real, el que se ha evidenciado más el que aún permanece oculto, tiene que ser sencillamente para clamar al cielo, o al infierno... ¿Cómo se puede mantener vertebrada una sociedad, si a la torpeza de quienes la lideran, traducida en errores tremendos y en faltas de iniciativa apabullantes, se une una indomable inclinación al enriquecimiento personal en el plazo más corto posible y a costa de lo que sea?

    Indudablemente sería demasiado simplista, e inexacto, culpar a todos los corruptos, cuyos caretos nos miran desde el televisor un día sí y otro también, de esta crisis global que sacude al país y al continente, y por elevación, al mundo conocido. Ellos son simplemente unos jornaleros de la oportunidad y de la ventaja; y lo han sido, ellos u otros como ellos, antes de que el mundo se nos cayera encima. Y no ha pasado nada entonces, porque todos podíamos seguir creyendo que el planeta era hermoso y azul, y nuestro terruño, el primer mudo mismamente...

    Pero ahora resulta que no hay tal. Ahora resulta que todo es un cambalache y quienes manejan el juego, unos tramposos. Y ahora, sobre todo, resulta que a la inmensa mayoría le toca perder parte de lo que tenía, y le va a seguir tocando perder indefinidamente... Por eso ahora esa mayoría no va a ser tan complaciente con el poder, y va a querer juzgar a los corruptos, y va a querer que paguen ellos todas las cuentas, porque los tramposos, los aprovechados, los que metieron la mano en el cajón tan reiteradamente, los que pensaron que los grandes negociados, los ministerios y los palacios eran su feudo particular, van a ser los nuevos demonios de este mundo que se acaba; y se va a extender la sombra de la duda hacia cualquier forma de poder y quien lo encarna...

    Cuenta una antigua leyenda que en el fondo del fondo del barranco por el que se está cayendo el mundo, hay una piedra antigua en que está escrito, con letras imborrables, que la maldad anida en el corazón de todos los humanos, pues un demonio de un mundo antiguo, miles de años anterior al nuestro, plantó allí su semilla; y que lo que han de hacer reyes y sacerdotes es vigilar que esa semilla no de fruto en las gentes de su pueblo, pues para eso tienen la espada y la palabra...

     

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