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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 21
    Marzo
    2018

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    SOCIEDAD Oviedo

    Okupando la cordura

    "Solamente dentro del marco de la ley queda garantizada la convivencia, en paz y progreso, de todos los ciudadanos"...

    Suena bien... Pero, en ocasiones, y en nuestro mundo, es precisamente la ley quien propicia o permite situaciones que roban la calma, la paz y la cordura al muy mayoritario sector de la ciudadanía que vive dentro de sus lindes, permitiendo el escarnio al que lo somete una minoría de individuos fuera de toda norma y de cualquier razón. 

    Me refiero al patético subsector de los llamados okupas, esos sujetos que invaden por las bravas una propiedad privada y se asientan en ella, impidiendo el acceso a la misma de sus legítimos propietarios, a los que los agentes de la autoridad, tras la denuncia del allanamiento, se apresuran a informar de que no les queda otra que esperar con resignación a que la lentísima maquinaria de la justicia resuelva sobre lo evidente.

    Mientras tanto, su propiedad pertenece de facto al invasor... Viene a ser como un regreso a la época más oscura de los primitivos asentamientos humanos, en los que, en ausencia de toda ley y de cualquier justicia, cualquier puerta se podía abatir con una buena patada.

    Naturalmente, como en todo dislate, hay grados: desde la ocupación de una finca en barbecho secular, pasando por la de una vivienda de uso vacacional, hasta llegar a la del domicilio habitual de una familia, aprovechando una ausencia puntual, a la que los desaprensivos dejan en la calle.

    No hay entendimiento humano, normalmente conformado, que pueda encontrar ajustado a razón y a cordura cualquier texto legal que permita tal abuso, tal fraude, tal desatino... Lo que sí está al alcance de cualquier entendimiento es que hay aberraciones ante las que la sociedad cierra los ojos, o aparta la vista, por dos cosas fundamentalmente: porque no afecta a mayorías significativas, y porque estas mayorías, demasiadas veces, consideran antes y más el adjetivo garantista que el sustantivo justicia.

     

     

     

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