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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 11
    Septiembre
    2012

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    Olvido

     

    Parece que ya escampa la tormenta formada por el vídeo de cierta señora acariciándose sus partes íntimas en busca del placer sin compañía. La cinta, al parecer, fue grabada con su consentimiento, pero distribuida sin él. La tremenda fuerza de los vientos la propició el hecho de que la mujer era concejala, casada y con hijos mayorcitos, aún atractiva y con líos de pantalones por el medio. Se barajaron dos  razones para la difusión del video: unos veían una conjura política y otros, una venganza de un amante despechado, bastante más joven que ella para más morbo.
    En la tormenta había dos frentes instaurados: uno, el de sus detractores que la llamaban cochina y pecadora, entre otras expresiones fuertes; y el otro, el de sus defensores, que no fueron pocos, y mezclaban la defensa del derecho del uso del propio cuerpo con el ataque a quienes supuestamente vulneraron la intimidad de la protagonista.
    Lo malo de estas tempestades es que soplan tan fuerte que no dejan oír las voces de la Moral Natural y del Sentido Común, cada vez más amortiguadas por tanto estrépito producido por intereses de parte, o por simple ignorancia u oportunismo de tanto partidario. Lo malo de estos vientos es que arrastran hacia el olvido los valores sobre los que se construyó nuestra cultura. El hombre es un ser social y como tal necesita de distintos ámbitos de privacidad para la correcta realización de sus funciones y cometidos: el individuo necesita de uno propio; la pareja, de otro; la familia, de otro, y así sucesivamente… La vida en sociedad no necesita para nada derribar las paredes que protegen la intimidad de los estamentos que la conforman, sino al contrario se sustenta en ellas. Siempre ha habido tendencias a sobredimensionarlas o a anularlas; y siempre ha habido teorías para llevar la moral a efectos de dogma, o para declararla de inutilidad plena.
    Muchos de quienes atacan o defienden a esta mujer parecen instalados en uno u otro extremo de esa línea. Sin embargo, como en todo, la virtud suele caminar más bien por zonas medias: masturbarse, como meterse el dedo en la nariz, o rascarse el culo cuando pica, entre otros muchos actos demandados por servidumbres o apetencias del cuerpo humano, no tiene porqué ser intrínsecamente malo ni metafóricamente bueno, pero son cosas propias del ámbito de privacidad de la persona y lógicamente en él han de realizarse. Invadir este ámbito es de cafres y de canallas; y hacerlas fuera de él, de idiotas y de amorales.

     

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