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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 14
    Noviembre
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    París bien vale una reflexión

    París se prepara para enterrar a los muertos del terror absoluto. París es Occidente, su dolor inunda el llamado primer mundo y a millones de ciudadanos se les enciende de rabia la mirada... Forma parte de la naturaleza humana. Tras el miedo, lo primero que muerde en el corazón del hombre es la ira; por eso, a lo largo de su dilatada historia en el planeta, después de rezar por sus caídos, siempre ha acariciado el arma pensando en la venganza...
    Sin embargo, y aunque cuesta vencer el impulso atávico de golpear tras recibir un golpe, los ciudadanos que hemos vivido en tiempo de progreso debemos refrenar ese ímpetu primario. Puede que la justicia no satisfaga la sed de la venganza, ni mitigue el dolor del día siguiente, pero es el único camino por el que podremos llevar el equipaje que hemos ido adquiriendo a lo largo de tanto tiempo de bonanza. Conviene recordar, en este momento de confusión, que lo primero no fue la paz ni la concordia, que provenimos de guerras y matanzas, de montones de muertos sembrados por los campos que salieron a morir por dioses o por reyes, de millones de cruces y cadalsos... No. Lo primero fue el garrote, la espada, la bomba y el fusil; y la denuncia, la cárcel, y el paredón... La paz y el bienestar vienen mucho después, cuando los hombres son capaces de contener a sus demonios interiores y los someten al peso de la ley que ellos mismos se han dado...
    No convendría volver por esos pasos. Hay que vencer la tentación de responder con violencia indiscriminada a la violencia indiscriminada, de preparar trincheras, de señalar al vecino y repudiar al extraño que no pase el filtro de nuestros gustos o creencias. Así solo conseguiríamos destruir el estado de bienestar que pretendíamos defender, pues no resistiría la ruptura del equilibrio sostenido a lo largo del mejor tiempo vivido por el hombre...
    Que la ley persiga a los que inspiran y arman a esos locos que entregan sus vidas, y les arrebatan la suya a cuantos puedan, por una idea atascada en fanatismos medievales; que la justicia sea implacable con ellos, que los saque de sus cloacas o palacios. Pero que el ciudadano no se erija en gendarme ni en juez implacable...
    Pienso en París y lloro por sus muertos, heridos y afectados...Y me viene a la cabeza Barcelona, icono y capital de una tierra en la que se pelea por romper otro equilibrio... Otro grupo de insensatos tocando campanas a arrebato para animar al pueblo a remover fronteras. No hay sangre ni muertos ciertamente.... Pero el terror que ahora consterna a Paris y al mundo, proviene, entre otras causas, de poner o quitar rayas en un mapa... Hay equilibrios que no conviene tocar por tonterías.

     

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