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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 06
    Octubre
    2014

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    Piqué, Del Bosque, el juego de patriotas y otros juegos

     En el inicio de este octubre soleado, que parece tener ahorrado un poco de verano para regalar a esta parte del mundo, -tal vez con la intención, si los meses tuviesen intenciones, de pasar a la historia como algo más que el trocito de tiempo que precedió a noviembre...- se ha producido un hecho, sencillo de por sí, pero que desemboca en otro, mucho más complejo y enredado...

    Resulta que Del Bosque ha seleccionado a Piqué para defender los colores de la Selección Española de Fútbol en los dos próximos partidos programados, y esta decisión ha sido - está siendo- objeto de una encendida polémica entre los aficionados al fútbol, en general, y los buscadores del quinto pie del gato, en particular.
    Hay muchos que critican al Seleccionador apoyándose en dos tipos de argumentos: unos, futboleros, que se pueden resumir en que el espigado defensa del Barsa juega poco en su equipo, que no está fino y que los hay mejores...; y otros, a caballo entre la sociología y la política, que es una zona incomoda de cabalgar en este octubre, basados en que que no debe representar a España un deportista que sostiene públicamente que no se siente español, que alguien que apoya pública y expresamente, aprovechándose de su condición de futbolista famoso, el proceso soberanista catalán, no pinta nada vistiendo la camiseta de España, y menos, ahora, con la que está cayendo...
    Los hay también que apoyan la decisión del Seleccionador. Y él mismo la defiende escuetamente, aclarando que solo le interesa lo deportivo...
     
    Ciertamente, mezclar el deporte con la política, al modesto cronista ocasional que firma este billete siempre le ha parecido un plato de difícil digestión. Y así se lo hizo notar siempre a tantos amigos y compañeros que, a lo largo de muchos años de afición, le afearon su deriva culé en los gustos futboleros, señalando que era un club separatista que sentía un profundo desprecio por España y lo español. "El primero, no confundir y no mezclar...", solía contestarles, divertido por un razonamiento tan desacertado...
    Sin embargo, en este asunto no se atreve a señalar dónde empiezan la confusión y la mezcla... Ayer un hombre sensato y conocido, ya bien entrado en años, sentenciaba, en una tertulia de gente razonable y muy leída, que ni Piqué ni Del Bosque le parecían hombres de honor porque no siendo de recibo cagar en la viña de quien te dio vino, tampoco lo era seguir dándole mosto a quien se comportaba como un marrano.
     
    La ciudadanía sigue cocinando este plato con demasiada sal gorda, desde luego, pero si la Selección también es más que un club de fútbol... ( no sé de ningún entrenador de un club, por grande y poderoso que sea, al que le hayan dado un marquesado; ni de ningún club que pueda aglutinar a todo el país en torno a sus colores)... tal vez ese apriorismo de "Solo me interesa lo deportivo", esté demasiado cogido por los pelos, quizás sea como una de esas prendas de entre tiempo que, siendo muy socorridas, no sirven cuando sopla la tormenta... Seguramente convocar a Piqué no allana ningún camino en la orilla de allá del río que nos lleva, y crea mucho barro en la de acá; y no convocarlo, hubiera mantenido los caminos como estaban...
     
    No es un asunto de fútbol solamente, es evidente... La triste realidad de España es que cada generación se empeña en un juego de patriotas, y los reglamentos de ese juego son los catecismos del nacionalismo, que aquí, por desgracia, hay unos cuantos, y se van cambiando a gusto del Mesías del momento, unas veces ungido por Dios; otras, saludado por el ejército; y otras, sufragado por el pueblo. Un pueblo bombardeado, siempre y en cualquier caso, con propagandas y consignas, y empujado por presiones, más o menos sutiles, hacia donde quieren tenerlo los que de verdad mandan...
     
    Y llegados a la representación del juego de patriotas que está en las carteleras del teatro español esta temporada, observamos los dos actores que actúan en la escena que recrea este billete. Por un lado, Piqué, joven patriota catalán, comprometido con una causa que abraza sin ningún tipo de reserva, festiva y abiertamente, con manifiesta militancia en el proyecto de una nueva nación... Por el otro lado, Del Bosque, maduro patriota español -se le supone el sentimiento al Señor Marqués-, pero que no quiere meterse en ningún jardín en el que no haya césped natural muy bien cuidado... O sea,que solamente quiere vestir la prenda de entretiempo de entrenador de fútbol, y solo dice sentir interés por el deporte... con la que está cayendo.
    Eso sí, ambos patriotas, independientemente del estilo con el que expliciten su apego al sentimiento, cobrarán suculentos salarios por pasar un rato entretenidos. Lo cobrarán, los dos, en una orilla del río del conflicto, que es la que paga ahora. Y lo cobrarían igual, los dos, cada uno a su manera, en la de enfrente, si pagara... La pela es la pela y lo demás, coyunturas. Eso sí que es objetivamente cierto...
     
    Mientras tanto, el país se debate en discusiones de lindes, y apegos o desapegos  a leyes consagradas, sin querer ver indicadores inquietantes que advierten de cambios quizás más preocupantes que dónde colocar un mojón o una frontera, como por ejemplo esa alarmante densidad de dirigentes en la zona roja del chanchullo que tanto se adentra en el delito, ese inquietante porcentaje de jóvenes que tanto se identifican con los stándares que publicitan en la TV basura, esa masa de ciudadanos tan amigos de colgarse un ismo en la solapa, esa tendencia en la ciudadanía a engordar un alboroto o sumarse a una trifulca, ese secuestro del presente, con serio compromiso del futuro, a una generación ya en edad de trabajar y realizarse..
    Este no es ya el juego de patriotas; es otro bien distinto. Es el juego del cambiazo de valores por pertenencias, el de sustituir  personas por prototipos, el de cambiar ciudadanos por consumidores... Pero las fichas de este juego no las movemos nosotros, ni siquiera nos dejan ver el tablero. A nosotros, a todos, nos animan a jugar al juego de patriotas, cada uno en el bando que escoja, o que le toque. Es un juego muy fácil de jugar, sus reglas son sencillas, basta con descalificar al oponente... 
     
     
     

     

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