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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 07
    Septiembre
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Piqué y los pitos

    El sábado estuve en el Tartiere viendo a España marear a Eslovaquia y aburrir (un poco) al respetable con ese eterno tiqui-taca que casi nunca lleva peligro a la puerta contraria ni emoción al graderío. No suelo comprar entradas tan caras para ver partidos que dan por la tele, pero a mi hijo le hacía ilusión ver a Iniesta y compañía, de cerca y en directo, y ese tipo de cosas sí que las compro con frecuencia...

    En realidad lo pasé bien. En el estadio no solo pasan cosas en el campo de juego, hay mucha vida en la grada. Delante de nosotros estaba un chaval -veinteañero tardío, aspecto y atuendo normal, muy centrado en el juego, en sus pipas y en su cerveza, con una chica silenciosa sentada a su costado...- que no paró de pitar a Piqué de forma compulsiva, cada vez que intervenía en el juego, durante todo el santo partido. No era el único, desde luego, había más músicos en esa orquesta vengadora de afrentas; y había también otra agrupación coral de signo contrario que aplaudía al central catalán cada vez que era increpado. Era una confrontación en todo caso incruenta, pues en los pitos había mucho más cachondeo que inquina. Después del partido, por la noche fiestera de Gijon, parece que también hubo quien distrajo unos minutos de lo suyo para insultar al ínclito Piqué, que había salido con unos colegas a ver amanecer algo más al norte de donde habita...

    Que nadie busque en estas líneas ninguna intención de juzgar a quienes pasan a Piqué facturas de cuentas antiguas o recientes, ni a quienes recriminan este cobro, aunque hay hechos y actitudes que ofenden la sensibilidad de las personas de bien. Este cronista ocasional simplemente pretende matizar una realidad evidente que algunos afamados comunicadores insisten en interpretar de forma incompleta o parcial, cuando no torticera, aduciendo determinados motivos que justifican los pitos, en función de palabras o hechos del pitado; o, por el contrario, emitiendo encendidas censuras para los mismos, en función de servicios prestados por el futbolista... Entiende quien suscribe que las razones que motivan a la masa suelen ser múltiples y confusas, y casi nunca claras y determinadas, y justificarlas o rebatirlas puede convertirse en el cuento de nunca acabar. En la orquesta que pita a Piqué no hay uniformidad de criterio para la befa. Unos le pitarán por ser guapo, rico y famoso; otros, por ser un puntal del Barça, otros por ser separatista; otros porque es un broncas; otros por reírse de los rivales y de sus aficiones; y otros porque sí y porque les da la gana...

    El caso es que el aficionado se cree de antiguo en el derecho de pitar al futbolista por el motivo que estime oportuno, y este chico le ofrece una batería de ellos a elegir. Extrapolar esta circunstancia personal de este personaje para encontrar causas peregrinas y elaborar sesudas conclusiones, como que no...

     

     

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