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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 28
    Septiembre
    2012

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    Pirineos

     

    Si entendemos por Europa esa parte del mundo en la que se respira seguridad, y sus ciudadanos conviven en una inteligencia de naciones antiguas cuyas sociedades procuran el bienestar a través de la concordia y la unidad, y caminan, a ritmos distintos pero todas en la misma dirección, hacia la integración y hacia el progreso, muy lamentablemente Europa acaba en los Pirineos.  
    Jode reconocerlo desde esta España trasmontana, tan antigua como cualquiera de las del otro lado, pero mucho menos nación que cualquiera de ellas. Duele aceptarlo, como duele conocer que a una persona amada se le termina el tiempo, o que tus capacidades no te dan para conseguir un sueño, pero ignorar la realidad no la mejora. Es lo que hay. Fue bonito, mientras duró, el sueño de ser como ellos, como los del lado seguro y confortable del mundo, pero ya había elementos para intuir que era pura fantasía, que el entramado de la nación se resquebrajaba cada poco por varias partes y que las reparaciones eran para salir del paso, tapando las grietas de los muros de la patria nuestra con papel de cartón piedra, eso sí, pagado a precio de oro. Chapuza y despilfarro de tiempo y de recursos: eso es lo que han consensuado, pactado, decidido, o impuesto en ocasiones quienes gobernaron España los años en que creíamos que éramos compañeros de viaje de franceses, ingleses, italianos y alemanes… Y fueron muchos años, y muchos recursos; demasiados recursos para tal chapuza. Tal vez, con tanto, se podría haber construido de verdad una patria donde cogiéramos todos…  
    A este cronista ocasional no le llega la memoria ni el conocimiento para enjuiciar la historia de la nación, pero si le mandaran resumir sus lecturas y formular su criterio, expondría que desde muy antiguo, y casi siempre, España ha estado gobernada por individuos, grupos o familias que procuraron proyectar sus egos, engordar sus arcas y satisfacer sus apetitos muy por delante de servir al pueblo y hacer más fuerte al reino. Pero eso no es lo peor. De eso hay, y mucho, en los libros de historia de todas las naciones. Lo peor, lo rematadamente peor, lo triste y lo tremendo, es que entre nuestros gobernantes, los más, la inmensa, triste y vergonzosa mayoría, fueron además torpes y mezquinos, y arruinaron lo que los más capaces habían logrado construir.
    En los campos de España ya no se respira seguridad en el futuro en los tiempos que corren, y el que no siente, aún, en su carne la mordida de la necesidad, la puede ver a poco que mire a su alrededor; y cuando los padres contemplan a sus hijos, preparándose el futuro con ilusión y esfuerzo, se les ensombrece un punto la mirada... Soplan vientos de crisis económica como nunca hemos visto soplar en este reino. Nadie sabe -ni gobierno, ni oposición, ni eminencias patrias o foráneas consultadas- qué hacer para poner el país a resguardo del temible vendaval. Todas las medidas tomadas no sirven más que para empeorar la situación y crispar al ciudadano; el edificio del país está tocado seriamente, hay peligro de desplome, y en un momento tan delicado para España, Cataluña dice que se va si no se le baja el alquiler y se le ponen muebles nuevos… Es lo mismo de siempre, la misma música ya tan conocida; lo que pasa es que ahora no hay dinero para financiar el hecho diferencial, y los dirigentes que viven de ese hecho están pillados entre su incapacidad para gobernar en esta situación de vacas flacas que afecta a todos, y las “quimeras” en las que han hecho creer a una parte del pueblo que piensa que su tierra es otra tierra, mejor tierra, más rica, y quieren poner fronteras para crecer sin soportar la carga de esos “pueblos vecinos” que les llevan sus recursos. Y los vascos callan, de momento, porque hace tiempo que no pagan la renta, y en Castilla piden, y en Valencia claman, y en Madrid pretenden invadir el Congreso, y en Andalucía asaltan propiedades… En todas partes se anuncian huelgas, manifestaciones, protestas, disturbios y algaradas. La represión y la violencia serán visitantes asiduos de nuestras calles, y de seguir así la sociedad del bienestar pronto será un recuerdo del pasado en estas tierras…
    Nunca hemos estado más lejos de Europa...

     

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