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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 03
    Mayo
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Políticas, políticos y alternancias

    Aún resonando los ecos del clamor nacional por el cambio de las políticas tan manidas, tan ineficaces, tan desprestigiadas, por otras políticas alternativas que dinamicen la sociedad y la lleven otra vez a sonreír y a creer en sí misma, el personal, tan ayuno de whisky y ausente de guateques, observa, en el terruño de cada cual, una serie de caras, más o menos conocidas, que muestran un gesto triunfador, más o menos impostado, y prometen ser los paladines de las nuevas causas, los llamados políticos alternativos, los hombres y mujeres destinados a poner en práctica los nuevos modos de organizarles la vida a su vecinos.

    Son las caras destinadas a los pasquines de la innovación, del cambio en profundidad, del gran revolcón en la organización y gestión de la cosa pública... Pero resulta que algunos no son tan nuevos y otros, al parecer, ya no están para muchos revolcones.

    Aquí, en Asturias, cierta peña flipó en colores con una cara que les querían colar, casi de rondón, como cabeza de uno de esos carteles ganadores que ahora anda en la cresta de una ola que va alcanzando cierta altura. Era una cabeza ya muy pegada en las paredes, en años anteriores, como cabeza de otro cartel de una alternancia vecina en el espectro ideológico, si es que aún mira alguien ese espectro... El cromo, repetido y ya gastado, no gustó para la gran innovación prometida y causó cierto prurito en unas bases exigentes de alternancia verdadera, de renovación estricta, de seriedad en el cambio... de forma que se armó un poco de revuelo orgánico en los entresijos, aún recién pintados, del prometedor partido ciudadano. Se formaron pequeñas comisiones que pronunciaron grandes manifiestos y fueron a dar la lata a los que mandan, de modo que éstos, también con poco rodaje en la península y menos aún tan al norte, tacharon al Diego para poner al Digo, aunque luego resultó que el tal Digo ya tenía más mili que Cascorro en el viejo rollo de militar, figurar y ocupar cargos, eso sí, añadiendo ambas circunstancias a una cierta valía personal, muy sostenida por él y sus parientes aunque discutida por sus vecinos de escalera. En fin, parece ser que se queda el Digo...

    En lo que se refiere al partido, también alternativo en cierta forma aunque ya más rodado hacia arriba y hacia abajo, del que provenía el Diego aquel del párrafo anterior, su lideresa nacional, ejemplo de valor en otro tiempo en el que supo mirar de frente a la canalla armada, se aferra al cargo de “jefona” con modos y maneras imperiales, diciendo que allí manda el grupo de notables que ella puso y pone firmes cuando quiere, y al que parece que aún les escribe los discursos. No presta oído al rumor que tapa sus verdades, proveniente del mar de disidentes que forman ya legión en el pequeño espacio de un partido pequeño y dividido, que reza ser progresista y democrático.

    En cuanto al partido estrella de este tiempo de impotencia y de recortes, a ese clamor que ruge en el desierto en el que habita el pueblo, que jura que se puede revocar la situación exánime de un cuerpo social parasitado y desangrado por una casta de gente que vive de lo común y hace crecer lo propio sin reparar en leyes, con un apetito brutal por el dinero; a ese partido que dice poder, sin aún haber tocado poder en realidad; a ese partido que tanto asusta a los que siempre han vivido de mandar o de esperar su turno, a la sombra de una alternancia bendecida en el altar sagrado de las urnas, allá en el principio de los tiempos del sufragio... Ese partido, ahora, parece que maquilla su cartel electoral porque en uno de los rostros fundadores han aparecido oscuras erupciones bajo la luz de una linterna dirigida, precisamente, por los que no se pueden mirar en los espejos, pues se espantarían de sí mismos; y parece, también, que el rostro principal de ese partido, que ofrece al mundo una sonrisa juvenil y franca enmarcada en una coleta poderosa, está considerando, quizás, modular un tanto su mensaje para suavizar, un tanto, la violencia del famoso revolcón, y pasar, para desesperación de algunos y esperanza de otros sin embargo, por ciertos lugares comunes de la política antigua... Porque cuanto mayor sea la red, más grande será la pesca.

     

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