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Mirando pasar la vida
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Blog Mirando pasar la vida - Edu Arding

Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 10
    Abril
    2015

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    SOCIEDAD Oviedo

    Prendes se desprende... ma non troppo.

    La alegre sinfonía de la fanfarria que preludia las convocatorias a la ciudadanía para pasar por las sagradas urnas, empieza a oírse de nuevo, apenas cesados los sones de los comicios andaluces del mes pasado.

    Aquí, en la Asturias verde de montes, tan oscura de presente y tan negra de futuro, el primer trompeta que ha hecho sonar su instrumento es el ínclito diputado Ignacio Prendes, joven promesa de la arena política cismontana que, sin embargo, ya ha cruzado su acero con veteranísimos paladines, de esos que tienen instalados sus pendones  en el campo astur,  parece que de por vida, al amparo de los grandes estandartes de los poderosos reyes trasmontanos... Después de largo tiempo de escaramuzas libradas en la búsqueda del vellocino de Villa, parece que sin éxito alguno, acaba de dar la nota al renegar de sus colores magentas y renunciar a sus lentejas de diputado, desprendiéndose de honores y tonsuras, por no estar de acuerdo con la emperatriz de su partido... Pero parece que no sin haber asegurado antes su colocación en el número uno de las listas de otro grupo político emergente, de corte y colorido parecido, pero mejor posicionado de expectativas y recursos para las próximas elecciones...

    El revuelo en el gran teatro de los sueños, donde duermen tantos intereses públicos, está siendo importante... Casi todos parecen disparar contra el tal Prendes. Que si es más de lo mismo; que si no es más que un tránsfuga que  abandona el barco cuando zozobra; que si apesta a oportunismo... En fin, que le están llamando de todo, menos guapo. Claro que no hay que ser un lince para vislumbrar que algunos de los que le censuran, lo harán por sentirse abandonados; y otros, por sentirse invadidos y postergados...

    El cronista ocasional que saca a colación este asunto (menor, en términos de gobernabilidad del Estado) en este billete (menor, en cualquier caso) confiesa no sentirse, en absoluto, ni  molesto ni sorprendido. Nunca esperó de esta gente -este señor y cualquiera de sus conmilitones u oponentes- un comportamiento ético, ni mucho menos, elegante. No va en los requisitos para acceder a esos cargos; y hasta puede pesar demasiado en la mochila...

    Ya se conformaría el buen cronista (al igual que tantos hombres buenos, en el buen sentido de la palabra bueno) con que estos tipos resultaran eficientes y razonablemente honrados, al menos cumplidores de las leyes que juran o prometen respetar...

     

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