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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 20
    Octubre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    Querida Barcelona:

    Te escribo estas cuatro letras volanderas, que no llegarán muy lejos, para decirme a mí mismo que te estimo, que me gustan tus calles y tus plazas, tus fuentes y tus parques, tus estatuas, tus playas y tu puerto, desde el que se ve América a poco que uno se esfuerce en mirar con los ojos de adentro. Y, sobre todo, me gusta tu cielo y la luz que de él desciende para envolverte entera y regalarte al mundo.

    Hoy correrán tus calles nuevamente miles de jóvenes subidos en la ira, enfrentados a un poder que dicen que oprime a Cataluña y no la deja separarse del tronco patrio con el que forma España, desde más allá de donde alcanza la memoria... ¿Quién les habrá alimentado el odio a la gran madre, que también es la del pobre cronista que esto escribe, y la quiere y la honra desde una tierra hermana, también hermosa, asomada a otro mar, pues tan grande es la patria que hacen falta tres mares para abarcar sus costas?...

    En esto, como en tanto, somos lo que sentimos; y sentimos lo que vemos y lo que nos cuentan... Por eso el relato hoy tiene el poder que ayer tenía el fusil y antes, la espada... Muchos fusiles de relatos torcidos han debido entrar en Barcelona, y Cataluña entera, para armar tal ejército de hombres y mujeres dispuestos a pelear por tal quimera: pretender la escisión en tiempo de alianzas; hacer sustracción cuando el mundo suma; subirse a un árbol y renegar del bosque...

    Alguien debería hacer un poco de pedagogía de la historia. Alguien más capaz que este cronista ocasional, de luces alcanzadas, alguien que sepa explicar a estos muchachos que no se dejen utilizar como carne de cañón de quienes urden el relato de solos mejor, escrito con tinta insolidaria y mentirosa; que no se sumen a las filas que dirigen los que tienen tanto que ocultar como los que se les pondrán enfrente, que lo harán y serán implacables con ellos, con los chicos, y después de los gritos y la sangre pactarán acuerdos con los inspiradores de los textos incendiarios, que irán moderando el tono de forma imperceptible para la muchachada en lucha, aturdida por proclamas de libertad y democracia; y se encontrarán acuerdos con los que salvaguardar prebendas de unos pocos, mientras muchos se curan las heridas y, ojalá, no tengan que enterrar a ningún muerto.

    No es nuevo bajo el sol lo que está ocurriendo en tus calles, hermosa  Barcelona... Ya ocurrió miles de veces en las calles de otras ciudades, también hermosas, a lo largo de la historia. En los antiguos tiempos de cólera y hambrunas esto se llamaba insurrección y era sofocado por el rey de turno, que enviaba a su ejército, ajusticiaba a los nobles levantiscos y masacraba a la población. Eran los tiempos de horcas y cuchillos, que después fueron de bombas y fusiles. Ahora son otros tiempos, ciertamente mejores, y lo llaman autodeterminación o derecho a decidir, pero los Estados no se paran en semánticas y las líneas rojas, aunque descoloridas, siguen por donde estaban y no se pueden traspasar sin riesgo extremo. Hay tiranos, cercanos y lejanos, e injusticias, sin duda, pero no hay cólera ni hambrunas; y hay parlamentos, y ley, justicia y democracia, y votaciones donde se puede quitar a un gobernante incapaz o corrompido y poner a un líder que se sepa ganar el respeto del pueblo. El proceso (este proceso) tiene sus tiempos y sus normas, y hay que respetar ambas cosas, pues si no, volveríamos a los tiempos de los fusiles y las bombas, al tiempo oscuro a donde nadie en su sano juicio debería querer volver jamás.

    No te dejes engañar por condes ni por obispos, Barcelona, ni por descamisados ni por burgueses enriquecidos, ni por demagogos ni por fanáticos... Preserva tus tesoros, de los que forma parte esa ciudadanía multiétnica y multicultural que forma un magnífico crisol de convivencia y tolerancia, dentro de la que cogen perfectamente los que aman a Cataluña y los que aman a España y Cataluña...

    Sobra el odio... Y ninguna patria vale un holocausto, hermosa Barcelona.  

     

     

     

     

     

     

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