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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 11
    Septiembre
    2013

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    Rateros en el tiempo

     El Nini, el chico del tío Ratero, zascandileaba por aquellos secarrales de Castilla la inhóspita en busca de ratas, de cuya caza y captura dependían su industria y su alimento. Sus convecinos intentaban despegarse del secular atraso, mirando a un horizonte lejano que llamaban progreso, y Justito, el Alcalde, los lideraba a base de edictos, escritos muchas veces al dictado de don Antero el Poderoso. El Nini, el chiquillo, no entendía la vida sin mirar atentamente a la tierra y al cielo, de los que el resto del pueblo ya solo se acordaba en los desastres...

    Roberto salía todos los días a las puertas de su casa en La Manjoya, a comprobar el avance progresivo del roedor enemigo. Inútiles estaban resultando las misivas de auxilio que, en nombre del vecindario, había enviado a Benjamín, el concejal, para que les prestara auxilio en el asedio que sufrían. Hasta que un día, Roberto, el hombre, tomó lanza, adarga y rocín, abatió a una rata en singular combate y fuése al castillo del Alcalde Agustin, a dejar en su puerta el cuerpo insepulto del roedor vencido...

    Las andanzas del Nini las dibujó en papel, hace ya muchos años, el maestro Delibes. Las de Roberto, prescindiendo de alguna licencia de las que tanto gusta este cronista ocasional, las cuentan hoy mismo los diarios. Al Nini, en la ficción de aquel entonces, no le trató bien la autoridad, y a Roberto, en la realidad de este ahora, a veces tan colgado del pasado, tampoco: le ha puesto una multa de 930 Euros.

    Pero lo sustancial de ambos casos, el ficticio y el real, es que el Nini, el chiquillo al que el tiempo parecia haberle ganado la espalda, resultaba de gran utilidad a sus vecinos, pues sabía de cosas de la vida que ellos habían terminado por olvidar; y Roberto, el hombre, pues también resultó útil a su gente: gracias a su gesta, traída de otro tiempo, consiguió que el alcalde mandase desratizar y sanear el pueblo.

     

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