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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 04
    Noviembre
    2012

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    Sostiene Santos García

     

    Hace tiempo que ha pasado el rubicón de los setenta; su cuerpo funciona razonablemente y su cabeza lo mantiene bien agarrado al mundo, a pesar de que ha perdido algunos trozos de memoria… A veces encuentra alguno, enterrado a la sombra de un árbol conocido, o a caballo del son de una canción sentida, o prendido de una escena de alguna película antigua. Son como hilos que lo ligan a un pasado mejor, en el que siempre está ella, tan ausente ahora de su presente cotidiano, y le traen las palabras que le dijo, envueltas en su risa contagiosa, aquel día cualquiera de un ayer lejano, perdido en esa zona donde el recuerdo se cubre con el pesado manto del olvido.
    Aún le alcanza la memoria a recordar aquellos años en que la gente creía que en la sociedad estaban el bien y el mal, pugnando entre ellos por imponerse uno sobre el otro. Recuerda el formidable empuje solidario que él y tantos amigos, vecinos, compañeros, dieron al mundo para ayudar al bien, y la honda sensación de triunfo colectivo que tuvieron el día que creyeron que, al fin, habían ganado. No se le borrará de la memoria aquella luz en la mirada de tantos rostros, que irradiaba el orgullo de haber participado en tal batalla; y mucho menos, la luz de aquellos ojos, los de ella, los ojos de sus ojos…. Y recuerda perfectamente que por bien, entendían libertad y progreso; y por mal, opresión y represión.
    Ahora, tantos años después, tantos que en ellos bien podría caber toda una vida, sentado bajo el roble que vio plantar a su padre cuando el futuro era largo como el río que ve desde su casa, e insondable como el pozo profundo y oscuro que su abuelo cavó cuando aún no había sido padre de su padre, siente en el corazón que el bien se ha esfumado del tiempo de los hombres. Ya no se atreve a afirmar si ciertamente alguna vez lo hubo y se fue derritiendo, como los neveros de las altas cumbres cuando el sol asoma, o si en realidad todo fue un espejismo y nunca estuvo aquí. Lo que tiene cierto es que, ahora, el bien no vive en esta tierra.
    La corrupción y la insolvencia se reparten el fundamento de toda decisión que pueda afectar a intereses importantes. Quienes representan a las más altas instituciones del Estado ni siquiera se esfuerzan en parecer honrados. La palabra y la verdad cotizan al mismo precio que la impostura y la mentira. La inteligencia lleva años fuera del servicio a la lealtad y al bien común, y vive acomoda en los recintos de unas élites que no reconocen más credos que el poder, ni más valores que el dinero. Tanto tienes, tanto vales. Eres lo que tienes, y vale todo para conseguir más…
    .. Lo sostiene Santos García y se lo susurra hoy a ella, que le espera a la sombra y cobijo de un ciprés, en la ladera de un monte desde donde puede ver el río, el roble, el pozo, la casa. El viaje no será largo, desde luego… Se lo dice Santos en el día de todos los santos: No te perdiste nada, compañera.

     

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