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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 24
    Octubre
    2014

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    ¿Tiempo de premios?

    La opinión vertida en las letras volanderas que dibujan hoy este billete será considerada políticamente incorrecta por muchas personas... Pero es la que aflora en el corazón del cronista ocasional que lo suscribe y tratará de argumentarla, respetuosamente...

    Los Premios Príncipe de Asturias fueron un solo de trompeta, potente, impecable, que durante años hizo volver la cara de medio mundo hacia esta franja de tierra asomada al mar Cantábrico, que a su vez es una esquina de una mar más grande, la mar océana, el gran Atlántico... Miraban, y veían, un trozo pequeño y no muy conocido de España, que pasaba por ser una nación en vías de convertirse en un país de cierto empaque, después haber pasado un otoño de cuarenta años sostenida por la mano de hierro de un patriarca que se había muerto hacía unos años, muy a pesar de un entorno cortesano que no le dejaba ni morirse...

    Se premiaba, año a año, bajo la tutela de una Fundación, ejemplar a la mirada del pueblo, a una montonera de grandes hombres y mujeres que habían destacado en muchas y variadas disciplinas. Los premios ganaron renombre y prestigio internacional por la categoría de los premiados, y al cabo de unos años también los premiados ganaban prestigio por la concesión del galardón.

    Pero el tiempo corre, los hombres pasan y los imperios se desmoronan... Pasó tanto tiempo ya, como el que Dios habitó entre los humanos, más de lo que viven las personas en el llamado tercer mundo; el príncipe niño es ahora rey, adulto y padre... Y el árbol de España hace años que ni crece ni florece, ya no mira al sol, sino más bien parece buscar el suelo y amenaza derrumbe; varias de sus ramas amagan con romper con el tronco del que recibieron la sabia, pues dicen tener raíces propias y exclusivas; cuando el mundo mira a España, ya la mira de otra forma... 

    La corrupción política, sindical, institucional y financiera es de tal envergadura y alcance que se puede pensar que, en realidad, es la cabeza del iceberg de la corrupción del cuerpo social del que provienen los personajes públicos y privados pillados indefectiblemente con las manos en masa ajena... Verdaderamente es terrible aceptar eso de que el poder es corruptor y el hombre se corrompe al permanecer mucho tiempo en el poder, pero es mucho más terrible plantearse que el individuo ya llega al poder corrupto, o francamente predispuesto a ello, y simplemente aprovecha la ocasión... 

    Si esto es así, o lleva camino de serlo, habrá que plantearse cuales fueron las causas del enfriamiento de los valores morales que congelaron las aguas por las que antaño navegaban los pueblos libres... Y tal vez vaya siendo hora de cambiar el manual de navegación, porque el antiguo no sirve para estos mares. Tal vez sea hora de volver a impartir doctrina, de revisar usos y costumbres, de poner penitencia al pecador; y dejarse de premios, que no viene tiempo de festejar, sino al contrario. La indumentaria debe de corresponder al clima, y llueven chuzos; y el verano no vendrá por ponerse guayabera... Y el gesto siempre cuenta.

     

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