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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 27
    Mayo
    2016

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    SOCIEDAD Oviedo

    Tristeza azul en una noche de jueves...

    Mayo boquea ya a las puertas de su vecino junio, el mes introductor de vacaciones y proyectos... En Oviedo, la noche tiñe de tristeza el no ya tan nuevo Tartiere. Es jueves y hace fresco, lloviznando a ratos; el tiempo no quiere vestir ninguna gala en la liturgia que se va a celebrar en el templo de la particular y multitudinaria congregación de fieles oviedistas. Empieza la función y la gente va entrando en el papel que ha representado en los últimos eventos: el de espectador de un partido de fútbol con demasiado poco fútbol que, además, casi siempre pone el equipo rival. El estadio es un crisol que mezcla tipos diferentes de aficionados que reaccionan ante la poquedad que les ofrecen sus ídolos venidos tan a menos: unos, rumian en silencio su aburrimiento; otros, gritan su rabia, su protesta, vertiendo bilis negra sobre los que juegan y los que dirigen el juego y el cotarro; y otros, animan contra viento y marea a los que visten sus colores, a los portadores de su escudo.
    Y el tiempo corre, el equipo parece incapaz de aportar velocidad y talento al juego. Cuando se apresura, se ofusca; y cuando exhibe alguna calidad, se entretiene... La grada se puebla de murmullos, silbidos, palabras gruesas y cánticos de ánimo que quieren nadar contra la corriente de lo que ven, impulsados por el viento de lo que tanto desean...
    El jueves agoniza y la esperanza del oviedismo también. Al final, se oye el clamor de los que pasan factura por haber sido damnificados en el depósito de ilusión que tenían hace solo un par de meses, cuando la sociedad se pegó un tiro en el pie tan a lo tonto; cuando unos cuantos pegaron una patada absurda al entramado que parecía sostener al equipo en zona noble.
    En los empinados caminos del retorno a sus realidades cotidianas, en esas colas larguísimas de aficionados tomados por la desilusión y la desesperanza, ya se ha convertido en mantra el morboso asunto de la sustitución de un de Egea triunfador por un Generelo incapaz y perdedor, urdido todo desde posiciones de poder ocupadas por ineptos y engreídos, dicen... La afición aprieta el paso para llegar a casa a una hora prudencial, decepcionada sí, enfadada también, pero sobre todo triste. Triste como el niño al que le dan el regalo de sus sueños, y después se lo arrebatan antes de abrirlo. Forzosamente quiere encontrar culpables...

     

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