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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 07
    Septiembre
    2017

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    SOCIEDAD Oviedo

    Un procés y dos desplantes

    Nada de lo que hoy pueda dibujar con estas cuatro letras volanderas en la vieja pantalla que me enfrenta, resultará nuevo o interesante a los contados lectores que las lean. Otros muchos, antes que yo, dijeron y escribieron más y mejor sobre lo que pretendo tratar en este texto. Sin embargo, por una de esas razones que la razón no entiende, quiero dejar constancia de mi pensamiento, confuso y ofuscado a fuerza de ver tamaños desafueros cometidos por gentes principales que ocupan sillones de poder en las altas instituciones del Estado.

    Desde la tierra rasa en la que duermo, junto a la inmensa mayoría de españoles, veo una batalla en las alturas entre dos enemigos enfrentados: unos, soberbios y altaneros, que dicen que se quieren ir de España y que preguntarán sobre ello a todos los catalanes; y otros, soberbios y altaneros, que replican que eso está fuera de ley y de sentido, ya que la soberanía e integridad de todo el territorio nacional reside en el pueblo español en su conjunto, y no en una parte del mismo. Y, entre soberbias y altanerías, todos abundan en razones más o menos peregrinas para arrimar el ascua a su sardina, aunque lo que resulta evidente en ese pleito, es un profundo desprecio hacia lo español por parte de los secesionistas, envuelto en una tremenda determinación para conseguir sus objetivos, la cual se traduce en un buen número de iniciativas, disposiciones legales y preparativos de todo tipo. Por parte de sus oponentes (dicen serlo abiertamente el gobierno de España y el partido que lo sustenta y sus adláteres, y con la boca pequeña, el principal partido de la oposición) no se conoce otra actividad que la de mirar cómo mueven ficha en Cataluña, por una parte, y decir sandeces persiguiendo equidistancias por la otra.

    El caso es que ayer 6 de setiembre de 2017 en el Parlamento de la Comunidad Autónoma de Cataluña tuvo lugar una penosa función de mal vodevil, en la que se aprobó la Ley del Referéndum y se vieron enfrentamientos, atropellos y descalificaciones, entre las dos bancadas, sosteniendo en cada una de ellas ser los verdaderos valedores de la democracia y acusando a los otros de mancillarla y prostituirla.

    Uno percibe en la parte de la ciudadanía que alcanza a observar, lejos de la raya en el mapa que algunos quieren hacer frontera, una mezcla de sensaciones entre las que destaca la perplejidad. La gente creía que las naciones de esta parte del mundo eran estructuras estables, aglutinadas por el gran pegamento de la Historia, y no sujetas a particiones, ni a idas ni a venidas por asuntos coyunturales; y también creía en el peso de la ley, siempre, y en que, en último término, la  Constitución obligaba a todos de forma inexcusable. Y la gente creía que los poderes del Estado garantizaban estos acatamientos en todos los casos, sin excepciones.

    Sin embargo parece que estamos ante una monumental excepción nunca explicada, como las excepciones en los cupos y balanzas fiscales, cuyas orejas asoman tras estos cerros tan tomados de densos nubarrones,  pero mayor, enormemente mayor, inconmensurablemente mayor...

    Por eso este cronista ocasional, como tantos pobladores de esta tierra antigua, que creían de corazón que en Cataluña estaban en su país, observan perplejos que el gobierno de la Comunidad Autónoma catalana les da un desplante al apearles de esta idea; y el gobierno central les da otro, al mirar al cielo a ver si llueve...

    No se trata de ninguna equidistancia entre los paladines de ambas causas en el sentir del común de ciudadanos, en opinión del cronista que suscribe... La gente quita la razón abiertamente a los que tras sus razones asoman insolidaridades y búsqueda de ventajas y prebendas, y exhiben ese desdén y esa distancia con lo que está al otro lado de la raya del mapa que quieren hacer gruesa. Además percibe en el ambiente que propició el impulso al procés, el tufo de la corrupción política en las instituciones catalanas. Pero no puede comulgar con ruedas de molino: también ve a un gobierno central, sustentado por un partido con el pantalón también enfangado de corrupción y sin escasa actitud de enmienda, que a veces parece desbordado por la situación y que en cualquier caso está permanentemente en modo de espera. No se percibe una defensa eficaz de la integridad del territorio. Es como si una fuerza (en este caso interior) pretendiese descoyuntar un trozo del país y sus gobernantes no tuviesen, no supiesen, o no quisiesen  utilizar, procedimientos ni mecanismos para su defensa.

    Tal es la perplejidad del españolito de este trozo del s XXI...

     

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