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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 14
    Diciembre
    2012

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    Vallobín

     

    El ser humano ve a través de los ojos que envían una señal al cerebro; allí se computa y traduce en emociones, dándole a lo observado una interpretación y un significado. Es en este órgano, remoto y desconocido, alojado en un estuche óseo que lo protege y aísla, donde residen los más insondables arcanos de la naturaleza humana, es aquí donde se determina si el sujeto va a ser ángel o demonio, y si lo que tenemos delante es blanco o negro...
    Aún resuenan los ecos de la sentencia del crimen de Vallobín. Uno de esos capítulos de la historia más negra de la ciudad, un suceso que parece sacado de la fantasía de un autor de novelas negrísimas tocado de sadismo, un hecho que parece imposible que fuera protagonizado por personas humanas. Ocurrió en medio de la ciudad, el “piso del horror” estaba en un edificio de un barrio concurrido, víctimas y verdugos pasearon por sus calles, frecuentaron comercios y bares durante casi un año. Muchos tuvieron que ver algo sospechoso pero...
    Los acusados fueron condenados a penas que abarcan más de una vida, lo cual sirve de cierto consuelo a una sociedad conmocionada porque unos chicos, tan jóvenes, hayan sido capaces de aterrorizar, violentar, extorsionar y torturar a una familia formada por tres personas discapacitadas, y al final, en uno de esos ejercicios de dominio y terror, asesinar a una de ellas. Desmembraron su cuerpo, guardaron los trozos en el frigorífico con la intención de dárselo a comer a los perros, y exigieron en todo el proceso la colaboración del hermano de la víctima, siendo conscientes además de la presencia de la madre de ambos en el domicilio, que observaba la escena aterrada, con su voluntad anulada por un miedo insuperable.
    Las penas fueron severas y merecidas a ojos de la ciudanía, que ve a los acusados como a la misma encarnación del maligno, pero siempre hay quien tiene otra mirada... La hermana del más terrible de ellos, el nombrado por todos como “el duque”, el ideólogo del pelotón de torturadores, el asesino en jefe de la casa del terror, lo ve como inocente y sostiene ante los medios de comunicación que no hay pruebas suficientes para inculparlo y que el juicio ha sido un circo total.
    Muchos pensarán que dice lo que tiene que decir para defender a su hermano, pero es posible que diga lo que su cerebro computa de lo que sus ojos ven. Y seguramente no ve lo que los demás, sino otra cosa distinta, mediatizada por el cariño hacia el niño que creció junto a ella y el miedo hacia el monstruo que reflejan los hechos probados en el juicio: misterios insondables de la naturaleza humana...
     

     

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