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Mirando pasar la vida
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Edu Arding

Un cronista ocasional y distraído que mira pasar la vida y a ratos perdidos, o encontrados, se sienta a contar sus impresiones.

Sobre este blog de Sociedad

Serán cuatro letras volanderas que no llegarán muy lejos...


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  • 10
    Enero
    2012

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    vuelve el fútbol, vuelve el hombre...

     

    Ha vuelto el fútbol, ese invento inglés que tan bien ha prendido en todas partes. Alguien dijo una vez, en aquellos parajes cincelados en brumas, que todo inglés tiene en su casa su castillo. Bien se podría decir en nuestra tierra, adornada de sol y ardor guerrero, que cada español tiene en su butaca un asiento de tribuna en el estadio, pero fuera de vistas y con patente de corso para poner a cada uno en su lugar.
    Vuelve el hombre, castellano de su piso, enrocado en su salita y con mando en el mando de su televisor, y una radio bien dispuesta en la reserva, a presidir los partidos del domingo y a juzgar a los jueces que los juzgan, a los jugadores que los juegan y a los entrenadores que como pueden los enredan. Todos pasarán por su sala, y a golpe de voz en grito serán probable y generosamente condenados, porque en asuntos de fútbol nunca hay que bajar las exigencias. Hasta al mismo Messi se le llamará paquete sin rubor y si procede, e inútil si hace falta. Nadie se escapa de la crítica, aunque aquellos que llevan los colores y escudos que el juez siente en el fondo de su alma, tienen desde luego un plus de tolerancia.
    Vuelve el fútbol a llenar las horas de sábado y domingo. Vuelve la pelea y la zozobra, la angustia y la alegría por los triunfos de unos y los fracasos de otros, que tanto monta y monta tanto, pues al final lo único que importa a la afición es la tabla clasificatoria, y ya no habrá tregua ni descanso hasta el final, bien mediada la primavera, cuando cada equipo ocupe el lugar que haya sabido ganarse sobre el césped de combate.
    Siempre me ha gustado este deporte y casi toda su parafernalia, aunque hay algo que conviene controlar y contener: todo lo relativo a la violencia. Un partido no es, ni debe llegar a ser jamás, una batalla. El fútbol, y todos los deportes de competición, vienen a ser un lejano remedo de la guerra, pero pasados por la civilidad y por la norma, y enmarcados en el divertimento. No cabe en grado alguno la violencia: ni de obra, ni de palabra, ni de gesto. El ímpetu debe ser amortiguado por la calma y contenido por la autoridad en todo caso. En la guerra y en el deporte se pelea y se le disputa al contrario la victoria; pero en el deporte, nunca a cualquier precio porque el contrario es un rival, no un enemigo.
    Somos un pueblo civilizado de antiguo y estos conceptos deben ir empapando el tejido social y debe notarse que van calando en él, poco a poco pero de forma manifiesta. Una sociedad como la nuestra tiene que estar dotada de temple y  madurez suficientes para ir desterrando ese tipo de comportamientos bárbaros, tan claramente fuera del tiempo que tenemos por vivir.
    Vuelve el fútbol de siempre. Bienvenido, y que lo disfrute de verdad el hombre nuevo.

     

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