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  • A proposito de lo de Valencia.

    La galería de personajes varios que desfilan estos días por nuestras pantallas, con ocasión de la trama de latrocinio descubierta en la Comunidad Valenciana, es de película. Un ex Presidente de la Diputación Provincial de Valencia, muy jaleado en los mítines por sus, digamos, ocurrencias encabeza el palmarés. Viéndolo y oyéndolo, aun sabiendo que se trata de un mitin político en donde no suele tratarse la teoría de la relatividad generalizada, se comprende perfectamente el estado de degradación a que se ha llegado en nuestro país en materia de liderazgo político. Que semejante personaje haya ganado elección tras elección, y con mayorías absolutas, revela las tragaderas de una sociedad necesitada, como el comer, de mayores dosis de sentido crítico y autocrítico. Pero hay que tener confianza, ya se sabe que a veces para reaccionar hay que caer bajo, o muy bajo.

    Anda también por ahí un hippy añoso, con un attrezzo muy logrado, que después de un viaje iniciático, desde la corrupción hasta la agricultura biodinámica, ha decidido, según sus propias palabras “cantar LaTraviata”; esperemos que no desafine. Este hombre, que era un yonqui del dinero, según confesión propia, tenía fama de ser un tanto especial; como ejemplo baste decir que a una peluquería que abrió, para blanquear dinero, la llamó “Que hay de lo mío”. No hay noticias de que ni su sentido del humor, ni su actual visión de la vida le hayan llevado a devolver lo afanado en etapas anteriores. Ya se sabe que viajar, aunque sea de forma iniciática, no es nada barato.

    Es previsible que al selecto grupo de Consejeros, Presidentes de Diputación, Alcaldesas, Concejales, Directoras de Museos y otros muchos miembros de la Administración Valenciana investigados, acusados o ya condenados, se unan otros fichajes que están en la mente de todos. Es muy difícil estar rodeado de corrupción y no saber de qué va la fiesta; se necesita ser un poco tonto/a, y eso es difícilmente compatible con estar veinte, o más años, en primeros puestos de la vida pública. Hacerse el tonto, o la tonta no es lo mismo que serlo, pero entre los ajenos al asunto que se creen determinadas explicaciones, la distinción ya no es tan nítida.

    Y ahora qué? Pues al margen de que continúen las investigaciones y se produzcan nuevas entradas en ese club, nada selecto ni por el número ni por las características de sus componentes, se aprecia que, pese a todos los pesares y a todos los dimes y diretes, la legislación es insuficiente para combatir de manera eficaz esta plaga. La inversión de la carga de la prueba, es decir que los investigados por corrupción tengan que demostrar la procedencia lícita de sus bienes , en lugar de tener que demostrarse la procedencia ilícita de los mismos, la declaración de los partidos políticos como responsables civiles subsidiarios, el blindaje de los denunciantes – en el caso ACUAMED, que es paradigmático de la hipocresía, fueron despedidos y aun no han sido readmitidos con todos los honores - y la facilitación al máximo de todos los procedimientos de recuperación de bienes son actuaciones mínimas y necesarias para que no salga tan barato, como sale ahora, robarnos a todos.

    De todos modos algo se ha avanzado. Ya no se producen defensas numantinas de los conmilitones, ni apelaciones a la presunción de inocencia más o, más bien, menos fundadas. Y es que todo tiene un límite, y cuando la AEAT aprieta, cuando se ha producido, y se está produciendo, una devaluación salarial, cuando al estado de bienestar le están apareciendo grietas y cuando han llegado dos convidados nuevos, con posibilidades , al festín político, ya no se puede actuar como antes de que todo esto pasara.

     

     

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