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  • Algo de corrupción.

    ¿Por qué ahora? Tal vez llegó su momento y fenómenos como el del Sr. Villar, tan parecido a lo de los Sres. Villa y Pujol en aquello de que todos lo sabían, a condición de que quisiesen saberlo, y nadie lo decía de manera pública, han durado hasta que dejaron de ser útiles para alguno, o algunos, que se beneficiaron durante muchos años de la situación. Beneficiados ha habido, y además abondo. Los empresarios que durante décadas pagaron mordidas por adjudicarse obras y servicios conocían las reglas, y no les importaba demasiado. La mordida pasaba a integrarse como un coste más, a repercutir en la factura final que pagaban los de siempre, y que votaban como siempre. La lógica tenía su punto de perversión: yo te pago, pero con vuelta, y mientras alguien no levante la liebre, cosa por lo visto no demasiado fácil. El negocio continuó, viento en popa, durante muchos años, y la red clientelar se mantuvo, e incluso aumentó. Además en el caso del Sr. Pujol también jugaba un arma más: la necesidad de su voto, para tener mayorías parlamentarias, y el apoyo del aparato del Estado, con todo lo que eso supone, para conseguir sus deseos, ya que saber lo que se cocía lo sabían todos. Sería muy preocupante pensar en qué manos estaríamos sí no fuese así.

    Ni el PSOE, ni el PP, ni los demás, han tenido la intención, y sí la han tenido no permitieron que saliese a flote, de abstenerse o consensuar determinados temas para permitir que su oponente no tuviese que olvidar su programa, y ponerse en manos de partidos minoritarios para hacer lo que prometió no hacer; bueno ya se sabe lo que eso suele significar políticamente. Con un poco de consenso, y buen rollito, tal vez mucho de lo que pasa no pasaría. También hay que decir que, posiblemente, esa postura fuese mal entendida, dentro y fuera del partido, y han preferido no correr riesgos y pasárselos a la sociedad. Estadistas non habemus.

    Los ex presidentes, con la amnesia ya habitual, hablan de todo esto como si no fuese con ellos. En su última comparecencia pública se asemejaban a un trío de Capitanes Araña que embarcaban a la gente mientras ellos se quedaban, con puertas giratorias, memorias, conferencias y libros. Todo ello de mucho provecho personal, pero de escaso interés social. La Historia los juzgará.

    Lo del Sr. Villa roza la comedia costumbrista y pone en razón aquello de “Manolete, Manolete, sí no sabes torear pa que te metes”. Una amnistía fiscal, comme il faut, perdona las deudas con el fisco provenientes del dinero ganado por medios lícitos, pero no declarado. Si se obtuvo de forma ilícita ya traemos a colación el Código Penal. Hete aquí que fueron a por el Sr. Villa y compañía, que se creyeron millonarios de postín y picaron como los pececitos de que nos habla el Sr. Montoro. Con millón y medio uno no puede codearse con lo más granado de los defraudadores patrios, y cuando se quiere jugar la Champions con un equipo de andar por casa te caen de todas partes, como ha sido el caso. Lo del segundo de a bordo, el Sr. Postigo, que intentó blanquear medio millón de euros, naturalmente se encendieron todas las alarmas, es ya de peineta mora y su detención también lo fue. Siempre se ha dicho que a este país le falta ambición, incluso para blanquear capitales, y a las pruebas hay que remitirse.

    Lo del Sr. Villar y sus veintinueve años de compadreos,compra de voluntades,redes clientelares dejación de funciones y demás actitudes, sabidas por quienes estaban en ese mundo e intuidas por otros muchos, más propias de una asociación de malhechores que de dirigentes deportivos, duró mientras se mantuvieron sus protectores de la UEFA y de la FIFA actualmente imputados por corrupción, y esta situación debe de servir de vacuna para que algo así no vuelva a repetirse en el futuro. El dinero abundante, los buenos resultados deportivos de la selección nacional de fútbol y la falta de controles independientes han sido los ingredimentes fundamentales para producir este coctel. Todos claman por eso de los controles independientes, pero cuando pueden implantarlos van y los quitan. Ya se sabe aquello de “consejos vendo que para mí no tengo”.

    El tinglado de la farsa comienza a venirse abajo cuando se convierte en preocupación social, que atisba que unos pocos se llevan el esfuerzo de muchos, estando cómo estamos, y en donde las migajas de la abundancia pasada han dejado de caer. Y tan pronto como los votos se mueven, y algunos jueces también lo hacen, comienzan a cambiar las cosas. Somos un régimen de opinión pública, y cuando empieza a despertarse, a pesar de que la opinión publicada hace lo que puede para que la pública permanezca in albis, el fenómeno es imparable por el efecto multiplicador de las redes sociales,  y por el posible cambio de votos ,considerados seguros, que puede haber. La falta de independencia, o la apariencia de dependientes, de nuestros órganos de control  es muy conocida entre nuestros socios de la Unión Europea, lo de accidente del ALVIA es sintomático, y sin resolver esa tarea pendiente continuaremos como hasta ahora. Habrá ramalazos y espasmos de santa indignación, pero la falta de procedimientos metódicos, sistemáticos y profesionales de control, y la ausencia de una limitación de mandatos, provocarán que esto se vuelva a repetir. Al tiempo y Vd. que lo vea.

     

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