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  • 08
    Mayo
    2015

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    Impuestos aforamientos asesores IRPF patrimonio.

    Algo sobre programas electorales

    En estos días se hacen públicos los programas electorales de los partidos que concurren a las elecciones municipales y autonómicas. En los programas de los partidos englobados bajo el apelativo de “casta”, incluyendo a la “casta vergonzante”, lo único novedoso proviene del PP (reducir el número de diputados, suprimir el impuesto de sucesiones y donaciones, eliminar los aforamientos y libertad de elección para diversos aspectos de la vida ciudadana, entre otras propuestas menos rupturistas) Los programas del PSOE e IU son más continuistas.

    Sigue faltando valentía en los partidos de siempre, para proponer reformas estructurales de calado (entre otras la concentración de Ayuntamientos, la supresión del Consejo Consultivo, establecer el número máximo de asesores, el papel de la RTPA, las consultas a la ciudadanía con un modelo basado en lo que ocurre en Suiza, la posibilidad de revocar el mandato de los electos etc. etc.). Hay lo de siempre, salvo el debate sobre el impuesto de sucesiones, que va desde su eliminación (PP), hasta su adecuación (PSOE) o su mantenimiento (IU), y las propuestas del PP ya señaladas

    También hay muy poco sobre números, pero preguntar “de dónde saca pa tanto como destaca” está bien para la zarzuela, pero en la vida real la figura del aguafiestas no tiene muy buena prensa, y lo que sea sonará. De momento adelante con los faroles.

    Lo que sí hay en estas elecciones es un fenómeno nuevo como es la aparición de dos formaciones (Ciudadanos y Podemos) que tendrán presencia parlamentaria, y que condicionaran o formarán parte del Gobierno.

    En el caso de Ciudadanos hay propuestas interesantes y valientes (entre ellas repensar el AVE, cambiar el modelo productivo, apostar por la I+D+i y la fusión “fría” de Ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes).El recuerdo de la fusión fría de las Cajas de Ahorro no es precisamente esperanzador y, con toda probabilidad, el coste, en todos los sentidos, de la fusión “caliente” no sería mucho mayor que el de la fría, pero sí sería más eficaz.

    Las propuestas de Ciudadanos que merecerían un mayor debate antes de plantearles, y que suenan a tecnocracia experimental, son la supresión del tipo súper reducido del IVA, vigente para alimentos, medicamentos y viviendas de protección oficial entre otros artículos de primera necesidad, y el contrato único.

    En un momento de crisis, precariedad, paro y bajos salarios aumentar el coste de los alimentos no parece sensato. Las personas con renta baja tienen que dedicar a la comida, y otros bienes de primera necesidad, una parte importante de sus ingresos, y esa propuesta, de llevarse a cabo, los empobrecería aún más.

    El contrato único es un experimento, y convendría esperar a que otros lo implantaran en circunstancias parecidas a las de nuestro país. No parece que nuestro mercado laboral esté para ese tipo de novedades, que podrían precarizarlo aun más. No se pueden correr riesgos, ni con las cosas de comer ni con el trabajo.

    El programa de Podemos está lleno de buenas intenciones, tal y como dice el dicho popular que está el infierno. En cuanto a los desahucios es desde luego impropio de un país miembro de la Unión Europea, el vergonzoso espectáculo de poner en la calle, sin una alternativa decente y viable, a familias que deben de dejar su vivienda al no cumplir sus obligaciones con la banca o con su casero. Eso debería de terminar, pero los contratos hay que cumplirlos; no puede existir desarrollo sin seguridad jurídica. Lo de la pobreza energética, como cualquier otra pobreza, tiene que ser atendida; un Estado que merezca ese nombre no puede dejar desatendidos a sus nacionales cuando más lo necesitan. Dicho esto, hacer pivotar un programa político sobre estas cuestiones no es para echar cohetes.

    Decía, hace ya algunos años, un ministro de economía del Reino Unido que el dinero hay que buscarlo donde está, que es en los bolsillos de los pobres. Como ya pasó mucho tiempo lo de los pobres hay que sustituirlo por lo de clases medias, que entonces no abundaban. Este ministro sabía, hay que suponer que por experiencia profesional, que los ricos no pagan impuestos, pero lo que no sabía es que, pasados algunos años, alguien pondría el nivel de ricos en los 50.000 euros/año, y que sobre ellos debería de recaer todo el peso del fisco. Bueno más de 50.000 son 200.000, pero sacarles algo a estos últimos ya no es tan fácil, y además no suelen tributar por IRPF, como sucede con los de 50.000.

    Es cierto que la renta media, declarada a la AEAT, en 2013 fue de 24.994 euros, y que aparentemente el doble de esa cantidad puede parecer mucho, pero quienes están por los 50.000 euros/año ya pagan impuestos, son la clase media que hace funcionar a un país y, en general, están controlados; sus bolsillos son presa fácil y considerarlos merecedores de persecución fiscal no es un buen negocio para ningún país; pero están al alcance de la demagogia y de los vecinos, que es una cosa muy importante.

    Por cierto ¿alguien ha pensado que un patrimonio de 400.00 euros que incluya la vivienda merece ser gravado y que cualquier herencia también lo merezca ¿ y ¿ alguien ha pensado de verdad que los patrimonios importantes y las herencias importantes van a pagar algo?

    Nuestras élites extractivas, aquellas que reciben de la sociedad más de lo que aportan, andan por ahí tan ricamente, pero “dedicarse” a ellas es más complicado, pero además de más justo, cosa que no parece importar, hasta podría ser más rentable, sí se lograse que los ricos pagasen impuestos, que previsiblemente seguirá siendo que no, y entonces como siempre a por los de siempre, como siempre han hecho los de siempre.

    Bueno, en todo caso tenemos a mano la frase del profesor Tierno Galván sobre los programas electorales, que están para no cumplirse.

     

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