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  • Algunas diferencias ante una situación parecida.

    De los desgraciados sucesos que han ocurrido estos días en París se extraen muchas consecuencias, y algunas nada favorables para nuestro país. Son muchas las diferencias entre nuestro 11M y el 13N. La primera es que allí nadie cuestionó la autoría de los atentados, era evidente. Pero aquí sí se cuestionó, aunque pasadas 24 horas había pocos motivos, por no decir ninguno, para hacerlo. Pero los intereses  particulares primaron sobre cualquier otra consideración y todavía hoy hay personas que, pese a que todos los servicios de información, tanto propios como ajenos – CNI, CIA, MOSSAD, MI6, DGSE, etc. etc.- han señalado la autoría islamista del atentado del 11M en Madrid, mantienen posturas difícilmente sostenibles. Colocar la política de partido por encima de cualquier otra consideración condujo a la fractura social ante los atentados, y por tanto a la desunión, que no han tenido nuestros vecinos.

    Pero lo antes dicho tiene antecedentes que nos siguen diferenciando de Francia. Un Gobierno decide embarcar al país en una aventura bélica, cierto es que en tono menor, que tenía en contra a buena parte de la población, a la Iglesia y a la mayoría de los grupos políticos. El motivo alegado para apoyar esa guerra, controlar las armas de destrucción masiva en poder de Irak, se reveló como una mentira masiva, por parte de todos, y como fruto de la egolatría por parte de alguno. En resumen, desunión inicial en el país, y en las fuerzas políticas y sociales, al adoptarse la decisión de apoyar la guerra, y división también frente al atentado, culpando del mismo a quien resultase más conveniente en cada momento (ETA antes y en este momento una conspiración de los servicios secretos para cambiar de Gobierno).Nada de esto ha ocurrido ahora en Francia.

    La segunda diferencia fue que, frente a la reacción de incrementar su esfuerzo contra el terrorismo yihadista que han tenido los franceses, el gobierno español, salido de las urnas, retiró, el 16 de abril, nuestros efectivos de Irak, cumpliendo el programa electoral con el que concurrió a las elecciones el 14 de marzo, pero abandonando a nuestros aliados y dando un mal, por no decir pésimo, ejemplo para el futuro. Por cierto ese programa electoral fue elaborado antes del 11M, y los atentados no lo modificaron; es de desear que este empecinamiento sea la norma y no la excepción. Irse después del atentado, a pesar de que esto figurase en un programa electoral elaborado antes de los hechos, también generó división en la sociedad, y una mala imagen ante la opinión pública mundial y ante nuestros socios y aliados.

    Otra diferencia es que el gasto militar español en 2014, medido con criterios OTAN, ha sido del 0,9% del PIB frente al 2,2% de Francia. El PIB de Francia alcanzó, en ese año, los 2.132.449 millones de euros, en tanto que el español supuso 1.041.160 millones de euros. Con estos mimbres se pueden hacer muy pocos cestos. Ya decía Napoleón, que era francés de Córcega, que para hacer la guerra se necesitan tres cosas: dinero, dinero y dinero.

    Todo es susceptible de empeorar, pero resulta difícil encontrar una gestión en donde la mezcla de egolatría, mentiras, inexperiencia, buenismo, debilidad, opinión publicada y politiquería diese un resultado aún peor que el producido por el apoyo a la guerra, por la gestión del atentado y por la posterior retirada. En resumen ni se debió de haber ido como se fue, ni se debió de haber marchado como se marchó. Lo que hay que alabar es el magnífico trabajo prestado por todos los servicios públicos que socorrieron a las víctimas del atentado; en eso sí hemos sido un ejemplo a imitar. 

    Es ya un lugar común decir que determinadas políticas, entre ellas defensa, exterior y educación, deben de ser políticas de Estado, y trascender a los gobiernos que duran lo que duran, y que tienen los intereses que tienen. El caso de Irak es un ejemplo de libro de políticas de Gobierno, por no decir de partido o incluso de personas, con el resultado ya visto. La crítica a nuestra clase política, incluyendo a bastantes de los medios de comunicación, es en este caso más que merecida.

     

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