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  • Amplitud de miras.

    D. Alfonso Dastis, diplomático de carrera y actual Ministro de Asuntos Exteriores que fue antes, entre otras muchas cosas, Embajador en Bruselas y coordinador COREPER en la Representación Permanente ante la Unión Europea en Bruselas y Representante Permanente de España ante la Unión Europea, tuvo hace días una actuación en el Congreso, con ocasión de una pregunta sobre la emigración de nuestros jóvenes, que con mucha benevolencia puede calificarse de poco afortunada. Sin benevolencia los epítetos que se le pueden dedicar tendrían un buen acomodo en el Diccionario Secreto de D. Camilo José Cela.

    En esencia dijo que « el Gobierno no ha expulsado a nadie» y ha considerado que «actualmente»los jóvenes que se marchan al extranjero a trabajar«muestran inquietud» y «amplitud de miras», a la vez que ha subrayado que «irse fuera enriquece», y otros pensamientos tan elaborados como los anteriores. No hay duda de que, quitando lo de jóvenes y alguna cosita más, sí se refiere a sí mismo, la respuesta es de libro.

    La cosa, además, tiene bemoles teniendo en cuenta que la pregunta no era improvisada, y nuestro intrépido Ministro tuvo todo el tiempo del mundo, solo o en compañía de otros, para preparar la respuesta.Por cierto también cabría pensar que, aunque fuese de repente, un diplomático, con unos cuantos trienios a sus espaldas, podría salir airoso, sin despeinarse, de una pregunta así, por lo demás, no demasiado difícil; no cabe pensar otra cosa salvo que el low cost hubiese llegado también al cuerpo diplomático. Como conclusión, y en buena lógica, lo que dijo es lo que, sin trampa ni cartón, piensa de verdad sobre el problema, aunque cabe la posibilidad de que sea lo que el Gobierno quiere que piense.

    Ya anteriormente Dña. Fátima Báñez, Ministra de Empleo y Seguridad Social, habló de “movilidad exterior” para contestar a una pregunta sobre este mismo tema. No parece que nuestros Minitros, tanto los que han viajado mucho como los que lo han hecho poco, estén muy inspirados cuando se habla de un fenómeno recurrente en toda nuestra historia. Primero a las Américas con lo puesto por todo equipaje, después a Alemania con la maleta de cartón atada con cuerdas, y ahora a todo el mundo con formación, internet y telefonía móvil. Las formas han cambiado para bien, pero el fondo, que es la incapacidad crónica de nuestro país para generar trabajo, se mantiene.

    A corto plazo, que es lo que les importa a nuestros estadistas de bolsillo, la emigración reduce el paro al disminuir la población activa, a través del voto rogado se dificulta que voten los emigrados, y a lo mejor hasta ingresan dinero para mejorar la balanza por cuenta corriente; en fin qué más quieren los Dastis y las Báñez de turno.

    Sin necesidad de tener la sensibilidad y la empatía de Rosalía de Castro ante este fenómeno, un drama en aquel entonces, cuando habló de las viudas de vivos, no estaría de más que nuestros Ministros se lo hiciesen mirar, que disimulasen un poco más la alegría que este fenómeno parece producirles, y que tuviesen la humildad de distinguir públicamente entre los que se marchan para mejorar, de forma voluntaria y contentos, de aquellos que lo hacen obligados y poco contentos.

    Tal vez la postura oficial del “todo marcha bien Sra. Baronesa” impida reconocer la magnitud de este fenómeno, que tendrá consecuencias serias, ya las está teniendo, en nuestra demografía y en nuestro futuro, pero tanto a ella como a él no les afectará. Lo saben y se nota.

     

     

     

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