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  • 24
    Abril
    2016

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    Chantaje mala imagen apariencias querellas organismos de control.

    AUSBANK y Manos Limpias.

    La picaresca, muchas veces una cuestión de mera supervivencia en un país secularmente pobre como el nuestro, adquiere formas nuevas, tal vez por aquello de renovarse o morir, y ahora ya no se dedica a obtener el pan nuestro de cada día. Pretende, y muchas veces consigue, vivir como Zeus.

    Lo interesante del caso de AUSBANK y Manos Limpias es que se ha dado un paso importante: sacar una parte a los que sacan mucho, lo que nos coloca en un caso la corrupción de segundo grado. Naturalmente, como los sinvergüenzas de primer grado, a los que se pretende chantajear, no son tontos ni carecen de influencia y medios, es necesario dar la impresión de que algunos poderes coactivos están, o podrían estar en caso de necesidad, del lado de los chantajistas. De ahí la invitación a dar conferencias, publicar artículos, participar en seminarios y rodearse de periodistas, jueces, inspectores de hacienda, abogados del estado y otras personas, con poder o influencia, con objeto de dar la impresión de tener amigos poderosos, que pueden echar una mano cuando se tercie. Ya se sabe que las apariencias engañan, y en el caso de que no sean sólo apariencias, no hace falta el engaño; en fin, cuestión de poder así o asá.

    Estas dos organizaciones, solas o en comandita, han utilizado dos amenazas: el riesgo reputacional, o mala imagen, y los pleitos. En una sociedad de opinión pública, y publicada, la imagen, bien sea la real o bien sea la creada por medios propios o ajenos, es importante, y ya se sabe que nada, y posiblemente nadie, resiste ser mirado al microscopio. La tendencia a alejar la lente publicando, a precio de oro, anuncios en una revista de escasa difusión o patrocinando, a precio de platino, cualquier acontecimiento, más o menos baladí, es muy fuerte, sobre todo cuando quien paga es una persona jurídica.

    Si el riesgo de poner de manifiesto, o de crearla sí fuese necesario, una mala imagen no fuese suficientemente convincente, viene la vía del pleito, y como los chantajeados, por méritos propios en la mayoría de los casos, pueden perder más de lo que les supone acceder a la pretensión del querellante, hay un incentivo muy fuerte para ceder. Y, aviso a navegantes, a algunos que no han cedido su resistencia les ha salido muy cara. Además la maldición gitana “tengas pleitos y los ganes” sigue estando presente.

    Hay un viejo dicho sobre los secretos que dice “sí lo sabe uno secreto es, sí lo saben dos que te guarde Dios, y sí lo saben tres secreto ya no es “, y aquí las prácticas, que al parecer utilizaban estas dos organizaciones eran conocidas, y sufridas, por bastante más de tres, que además no eran ningunos mindundis. La primera pregunta es ¿cómo se ha podido mantener todo este tinglado? La respuesta es muy difícil, y va desde la comodidad, en sentido amplio, de los directamente afectados, hasta la falta de capacidad de respuesta de quienes tienen la obligación de impedir que sucedan estas cosas, y que suelen alegar en su descargo, es ya una respuesta de oficio, que no sabían nada.

    La segunda pregunta podría ser ¿a qué se debe la falta de capacidad de respuesta de quienes debían de velar para que esto no ocurriera? La falta de independencia, es decir la politización, de los organismos de control puede ser una respuesta no demasiado alejada de la realidad. Lo ocurrido aquí no es muy diferente de lo que ya pasó con el Banco de España, con la CNMV, con el Tribunal de Cuentas, con el Consejo General del Poder Judicial,con la Fiscalía y con tantos otros organismos o entidades que se ocupan tan pronto como se toca poder. Afortunadamente la ocupación no es total y quedan islas, o archipiélagos, de independencia y buen hacer, pero la excepción tendría que convertirse en norma para que estas cosas no ocurrieran con tanta frecuencia.

    La tercera pregunta es ¿sin el juicio de Palma de Mallorca, sucedería esto? Tal vez la posibilidad de que la Infanta pudiese ser condenada a algo más que una multa haya acelerado el proceso de disolución de esta red de extorsionadores. Pero no es pensable que pudiera continuar indefinidamente, ya se sabe que las cosas caen, bien sea por su propio peso o por la ley de la gravedad.

     

     

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