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  • 27
    Enero
    2016

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    corrupción Diputaciones Contratos administrativos ACUAMED controles.

    Chiringuitos administrativos

    Eliminar la mayor parte de los chiringuitos que se han creado, para realizar tareas   que hasta ese momento se realizaban por órganos clásicos de las administraciones públicas, es una tarea inaplazable sí no se quiere que la larga cadena de escándalos de corrupción y sobrecostes que un día si y otro también nos siguen asombrando continúe, sí ello es posible.

    En general los procedimientos administrativos, especialmente los relacionados con la contratación pública, son muy formalistas con objeto de garantizar la transparencia, la libertad de contratación y la igualdad de oportunidades. Naturalmente esta formalización supone un proceso con más trámites y más complejos, pero que no tiene necesariamente que ser premioso; la informática y la planificación, bien utilizadas, hacen maravillas en este sentido.

    Sí la agilidad, invocada en falso, no es la principal causa para invalidar la contratación realizada desde las administraciones públicas, habrá que buscar otras motivaciones menos altruistas.  Aparecen en primer lugar cuatro, que dicho de manera muy sucinta son: la facilidad para colocar amigos, conmilitones, colegas, parientes y todo lo que se mueva, la menor capacidad de resistencia a las presiones “ de arriba” que tiene ese personal, que no puede compararse con la que tienen los funcionarios, inamovibles salvo por causas tasadas por ley, que saben que aunque se diga “no” se mantiene el empleo, tal vez no el mismo pero sí otro, la huida, aunque sea parcial, del rigorista derecho administrativo y la posibilidad de sueldos a la carta, muy superiores a los de la función pública ordinaria ¿hay quien dé más?

    No aparecen por ningún lado los ahorros en los costes, pero los sobrecostes sí se dejan sentir aunque sólo sea por dos motivos: por los mayores sueldos y por las mayores facilidades para hacer las compensaciones y la cadena de favores que aseguren las puertas giratorias, cuando sea menester. Y en habiéndolas suele ser un acto de valor cívico no aprovecharlas, ya se sabe que la ocasión la pintan calva, aunque en el caso de ACUAMED hubo implantes capilares.

    El caso ACUAMED ha revelado, incluso a quienes no quisieran saberlo, que denunciar la corrupción en esos chiringuitos administrativos supone el despido; esperemos que los Tribunales corrijan ese desafuero, que no se compadece con la lucha contra la corrupción que tanto se pregona.

    Es muy curioso comprobar que es en las Diputaciones y en los chiringuitos en donde se dan los casos más graves  de corrupción. El mantenimiento de las Diputaciones, órganos escasamente democráticos, ya que su composición es fruto de una elección indirecta y además residuo de una estructura administrativa decimonónica, fue uno de los pocos puntos, sino el único, en los que estuvieron de acuerdo los Srs. Rajoy y Sánchez en el debate electoral mantenido en TV en la última campaña electoral. Por algo será, pero mantener dentro de un mismo Estado cinco administraciones- local, provincial, autonómica, estatal y la de los chiringuitos, o administración paralela - se soporta muy mal. Ahí están el déficit y la deuda para atestiguarlo.

    Hace falta en nuestro país una verdadera reforma de la Administración, pero la estructura de nuestro Estado la hace particularmente complicada, y cuando está pendiente una reforma de la Constitución y un nuevo reparto de competencias no se puede ser muy optimista, a corto plazo, sobre esta cuestión. A largo plazo ya se sabe lo que dice el refrán.

     

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