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  • 09
    Abril
    2015

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    Excusas pretextos y similares

    Comportamientos poco edificantes

    Con bastante frecuencia vemos a personas de la vida pública en situaciones comprometidas, y también, con mucha frecuencia, su búsqueda de salidas no deja de causar sorpresa, aunque ésta sea cada vez menor.

    Abundan aquellos que, como se dice habitualmente, están puestas allí “por el Ayuntamiento”. No saben nada, no han hecho nada, no están enterados de nada y no han oído nada; son del modelo “monos de Gibraltar”, ya se sabe: ni ver, ni oír, ni hablar. Bueno hablar, lo que se dice hablar, hablan, pero valen más por lo que se callan.

    Otro modelo es el de los sorprendidos, o engañados, por la actuación de otros en los que habían depositado su confianza, o que no la merecían. Sus respuestas más habituales son   “he sido sorprendido en mi buena fe” (léase: lo ordené yo) y “se ha actuado sin mi conocimiento “ (léase: lo sabía todo). Culpar a los subordinados, que no es precisamente un ejemplo de gallardía, es un recurso fácil, pero por eso ahí está, al alcance de cualquiera (léase: efectivamente, de cualquiera).

    Aunque ocultar la incompetencia parece obligado, no faltan quienes, cuando llega la ocasión, hacen alarde de ella. El “no tenía los conocimientos técnicos para esa función, yo me ocupaba de las cuestiones políticas” (léase: soy un mandado),en sus diversas variantes, lleva camino de convertirse en un clásico.

    Otra cofradía con muchos feligreses es la del Santo Entierro. Culpar al muerto, cuando hay alguno a mano, es un recurso, en principio, muy sólido. Algunos ejemplos pueden ser ilustrativos: D. Pedro de Toledo (BBVA y los casos FILESA y las cuentas en paraísos fiscales), los pilotos y el accidente de SPANAIR en Barajas, el conductor del metro de Valencia y  Tito Vilanova y el fichaje de Neymar.No es lo que se dice una defensa elegante, pero, sí no hay otra mejor a mano, hasta puede resultar.

    También ha surgido el tema del amor como excusa absolutoria. Ya se sabe que, cuando es muy intenso, es ciego; naturalmente esa ceguera no se extiende a las tonalidades cromáticas utilizadas por el Banco Central Europeo o por la Reserva Federal de los EE.UU. Es evidente el peligro que tiene esta propuesta, salvo que este tipo de amor  se considere como un privilegio de algunas minorías, capaces de sentirlo con intensidad inusitada.

    No podía faltar la semántica. Cuando se distingue entre “facturas falsas” y “facturas simuladas”, que es como distinguir a los pimientos de Padrón (que unos pican, e outros non),el papel de los filólogos en materia tributaria sube como la espuma. Lo del “crecimiento negativo” y otros hallazgos similares, abrieron el camino para la utilización del diccionario de la RAE como un arma de desinformación masiva.

    Como la cosa continua en pleno proceso expansionista, y la previsión de respirar  los aires de Soto del Real, y similares, estimulan mucho la imaginación, no hay que descartar hallazgos que lleguen a sorprendernos, aunque esto sea cada vez más difícil.

     

     

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