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  • 07
    Octubre
    2015

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    defensas Precariedad sindicatos

    Contratos de aprendizaje, de formación y autónomos

    Todos los días las señales, y los hechos, que nos llegan del llamado mercado laboral aumentan la preocupación sobre el futuro que, previsiblemente, espera a buena parte de nuestra sociedad. Tres ejemplos pueden ilustrar lo dicho.

    Los sindicatos ferroviarios convocaron una huelga para protestar contra el contrato de los aprendices que quiere implantar la empresa. A grandes rasgos consiste en contratarlos, bajo esa modalidad, con una duración de diez años y una retribución bruta de 10.000 euros al año. A simple vista la duración de este aprendizaje parece excesivo, supera el de una ingeniería, incluido su doctorado correspondiente. Pero con toda seguridad la simple vista no es suficiente para comprender el alcance del fenómeno.

    Otro ejemplo son los contratos de formación en la hostelería. El nombre de “contratos de formación para auxiliares de piso” ampara contratos con un máximo legal de 2 años de duración, con una retribución de 530 euros brutos al mes, y con la jornada real que, digámoslo así, se tercie. Es costumbre que las horas perdidas por enfermedad se recuperen. También después de lograr despedir a la plantilla fija, con 20 días por año trabajado, comienza a ser habitual externalizar el servicio pagando, como en algunos casos, 4,5 euros por habitación a la empresa y bastante menos la empresa, 2,5 euros, a la trabajadora. A esto, y a todo lo demás que sucede en el ámbito laboral de la hostelería, se debe que las habitaciones de hotel sean, en general, más baratas que hace años; milagros los justos.

    Otro más es la proliferación de autónomos, llamados también falsos autónomos, que están disponibles para la empresa pero que solamente cobran cuando trabajan, o cuando su trabajo tiene éxito. Esto es ya habitual en los comerciales, también en los repartidores, e incluso en los copilotos de líneas áreas. Ya venía sucediendo, pero se ha convertido en un autentica epidemia, el contratar de lunes a viernes y el despedir durante las vacaciones.

    Tal vez el futuro deseado por muchos sea el convertir en autónomos a todos los trabajadores por cuenta ajena. Estar de alta en este régimen se convertiría así en un requisito para trabajar, que no le costaría nada al empleador. La imaginación, mediando dinero, no conoce fronteras.

    Y como a toda acción corresponde una reacción hay que preguntarse cuáles son las fuerzas que se oponen a esta tendencia hacia la precariedad laboral. Aparecen en un primer vistazo dos: los sindicatos y los votos, sin que pueda obviarse que no estamos solos. La integración de nuestra economía, y de nuestra sociedad, en el ámbito europeo es un hecho, y pronto se integrará en otro todavía más amplio, como es el conocido por las siglas TTIP, que significará el libre comercio entre la Unión Europea y los EE.UU.

    Lamentablemente los sindicatos, especialmente los de clase, han sido atacados desde dentro y desde fuera. Desde dentro por la falta de ejemplaridad, y de cintura, que han demostrado en demasiados casos, y desde fuera para lograr que entre la empresa y el trabajador no exista nada; que haya eso que se llama la libertad de las partes, olvidando, es decir sabiendo, que eso es la ley de la jungla, y que ahí casi siempre ganan los más fuertes.

    En nuestro país, no así en todos, las ventajas o acuerdos conseguidos en una negociación se aplican a todos los trabajadores afectados. En otros lugares solamente a los afiliados de los sindicatos que negociaron, y los restantes trabajadores, sí quieren sumarse a los acuerdos, tienen que contribuir a los costes que supusieron las negociaciones. Es decir hay incentivos a la afiliación, que aquí no interesa promover.

     

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