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  • Cuatro cuestiones,que ya son una.

    Decían los clásicos contemporáneos, preocupados por la situación, que había, en nuestro país, cuatro cuestiones importantes pendientes de resolver: la militar, la del campo, la de la Iglesia y la de los separatismos. Lo del I+D+i, lo de nuestra industria, lo de la balanza por cuenta corriente y lo de la desigualdad social no estaba en su agenda, pero eran otros tiempos y a lo sumo se hablaba de la cuestión social; lo preocupante es que éstas cuatro últimas tampoco estén ahora muy de moda entre la mayoría de nuestra clase dirigente.

    Volviendo a las preocupaciones de los clásicos hay tres que ya no preocupan, al menos entre los que no son afectados directos. La cuestión militar terminó con la tragedia del 36 y el bluf del 23F; nuestras actuales FF.AA. son perfectamente equiparables con cualesquiera otras de nuestros socios y vecinos, salvo en algo ya clásico históricamente: el escaso presupuesto y atención que se les dedica por parte de quienes deberían hacerlo, a pesar de ser, en la actualidad, una de nuestras instituciones mejor valoradas.

    Otro problema, el del campo, se resolvió en gran medida con la emigración hacia los países europeos y con la habida del campo a la ciudad allá por los años sesenta. En aquella época, la del desarrollismo, se vació en buena medida el campo, y muerto el perro se acabó la rabia. Lo que queda de la llamada, en tiempos, cuestión agraria ya sólo preocupa a los afectados y se limita básicamente a Andalucía y Extremadura. Este despoblamiento rural produjo un gran auge de la construcción, aun no se sabía que a eso, más adelante, se le llamaría burbuja inmobiliaria. El campo es ahora una realidad y una oportunidad de futuro.

    Lo de la cuestión religiosa, entendida como la injerencia de la Iglesia en la vida civil, se está resolviendo sola: es la secularización. Somos constitucionalmente un estado aconfesional, que no laico, en donde muchas instituciones eclesiales están al servicio de la sociedad, y tal vez sin el concurso de ellas la crisis actual sería más dura para mucha gente. Quedan algunos rescoldos y resabios de un pasado, bien pasado, como el de las inmatriculaciones o el comportamiento de algún ilustre cardenal jubilado, propio de un okupa, o la actuación de algunos medios audiovisuales que, en lugar de ser nuestra BBC, han optado por comportamientos un tanto partidistas. Pero la llamada cuestión religiosa ya no es una preocupación social. En todo caso no hay partido, y lo que ahora suena, el IBI, no da para mucho; sí se excluyen los locales destinados al culto, y a actividades sociales, lo demás son dos duros.

    Sigue preocupando, y mucho, el tema de los separatismos, pero la Unión Europea y el euro han venido para quedarse, y fuera de ellos no hay salvación ni vida inteligente, y lo saben. En un programa de Salvados, consistente en un debate entre los Sres. Felipe González y Artur Mas, el ex Presidente del Gobierno señaló que en Europa estaban muy preocupados ante la posibilidad de la secesión de Cataluña, ya que una Europa en la que todas las regiones con tendencias disgregadoras se convirtiesen en Estados independientes sería difícilmente gobernable. También se trataron muchos otros aspectos sobre temas relativos a pensiones, régimen bancario, interrelaciones económicas y etc.etc., concluyendo el ex Presidente que la independencia era imposible.

    Tal vez esto termine con una Cataluña, y posiblemente con alguna otra Autonomía más, que continúe siendo, formalmente, parte integrante de España, que es el nexo de unión con Europa y el euro, pero con tal número de competencias exclusivas que sería difícil distinguirla de un Estado “comme il faut”, así dicho en francés que expresa muy bien la idea.

    Sobre las reuniones mantenidas en estos últimos días hay un aspecto absolutamente tangencial a las mismas que llama la atención. Hace años, durante la Transición, el cura Xirinacs acudió a una visita oficial con el President Tarradellas vestido como solía, es decir informalmente. El President lo recibió diciéndole “que tal Mosén, de excursión. Pues ande vaya, y cuando regrese vuelva a verme”, y abandonó la sala. Los tiempos han cambiado y esto sería ahora impensable, pero tenemos la TV omnipresente y tal vez las imágenes lleven, especialmente a los asesores de ídem, a un proceso de reflexión, sí es que no lo han tenido.

     

     

     

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