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  • De ERES y TAULAS.

    En estos últimos días el ping-pong del “y tú más” está alcanzando cotas que sólo con dificultad podrán ser superadas. La partida, de momento, se juega entre la Comunidad de Valencia y Andalucía, y, claro está, todos están para callar y solamente tienen razón, aunque exagerando lo suyo, cuando se refieren al adversario político. Todas las técnicas de debate y discusión se ponen en juego, y en medio de la desvergüenza, la exageración, las medias verdades, las mentiras y lo que haga falta se vislumbra que el manejo de los tiempos hay que cuidarlo, y que la prensa y demás “medios” de todo tipo y condición, eso sí, amigos tienen su papel en esta cuestión, publicando, o sacando a la luz pública, los asuntos del adversario en el momento “procesal” oportuno. Las balas guardadas en la recámara son para utilizarlas cuando es menester, y también los polvorines, con munición de todo tipo, son necesarios sí la “guerra” se prevé larga.

    En la Comunidad Valenciana, además de una presunta financiación ilegal, lo sustancial es el dinero público que, por uno u otro medio, ha ido a parar a los bolsillos particulares de una tropa de sainete, mientras que en Andalucía, en donde ha habido aprovechados de película, lo importante ha sido tejer, con dinero público, una red clientelar, subvencionando a trabajadores de empresas abocadas al cierre, evitando así problemas sociales.

    Los ERES de Andalucía mandaron a su casa, debidamente subvencionados, a varios miles de trabajadores de empresas no viables. Se modificó la legislación y se eliminaron controles , con el resultado de que, entre los trabajadores para los que se pensó la medida, se “colaron” un buen número de amigos, parientes y conmilitones que pasaban por allí, o tenían conocidos por allá o acullá. También hicieron su agosto otro buen número de intermediarios que acudieron a la llamada del pastel de rica miel, que se ofrecía a quien pudiera acercarse a él de forma “solvente”.

    Del importe defraudado de los ERES se ha publicado de todo, desde miles de millones, pasando por 1.400, y luego 700 hasta 140 según las fuentes. Prescindiendo de que los ERES sean o no una fórmula adecuada para resolver problemas sociales, no parece lógico meter todo lo que se gastó en el mismo saco. Lo que se gastó de acuerdo con la norma  aprobada para la ocasión bien concedido está, desde el punto de vista legal, y lo que se llevaron los “intrusos”, los “sobrecostes” de gestión, las “mordidas” y el resto de prácticas corruptas o mafiosas es lo que se dilapidó, y es por lo que se debería de responder. Los tribunales dirán cuanto es el importe de esta fiesta y quien tiene que pagarla, pero un poco de comedimiento, verbal e intelectual, no es una mala opción como norma de vida.

    El importe del TAULA valenciano, y similares asuntillos , es también difícil de evaluar. Se habla de sobornos del 3%- debe de ser una cifra mágica por lo utilizada- y como se investigan ahora 3.000 millones, que se “invirtieron” en diversas partidas objeto en este momento de instrucción judicial, andaríamos por los 90 millones despistados,es un decir, en este sólo asuntillo, que tampoco está nada mal. En todo caso la instrucción judicial nos dirá por donde andamos en este ranquin que da vergüenza ajena; no está ni se espera vergüenza propia.

    Y ahora qué? Pues cabe de todo, y el chiste del dentista-ese de evitar daños mutuos- a lo peor puede no ser tan chiste, y acabe haciendo recapacitar a nuestros esforzados representantes. En vísperas electorales casi todo vale, pero las elecciones se acaban y hay que gobernar y tirar para delante. Los partidos cuestan, y mucho, y la austeridad no está hecha para convencer ni para comprar voluntades. La realpolitik, en alemán, el sentidiño, en gallego y el amagüesto, en asturiano, acabarán imponiéndose , lo que no quita para que de vez en cuando las cosas se desmadren, antes de volver a enmadrarse; ya se sabe que el destino de las ovejas descarriadas es volver al redil ,o el matadero. Ni está ni se espera una tangentópolis, como la que acabó en Italia con el antiguo sistema de partidos. Allí el remedio, Berlusconi, fue peor que la enfermedad, y las vacunas se inventaron para algo.

     

     

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