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  • Déficit excesivo.La carta.

    Cuando salen a la luz cartas no previstas para ello, o que tal vez sí lo estaban, se producen situaciones más o menos, más bien tirando a más, chuscas. Y eso que la redacción estaba muy cuidada por sí las moscas de la indiscreción, de la mala intención, de la venganza o simplemente de la contienda política no permitieran que quedara oculta por el tiempo indispensable para hacerla objeto de análisis por historiadores, y no por periodistas esclavos de la   actualidad.

    España cerró 2011 con un desequilibrio en las cuentas públicas del conjunto de las administraciones de un 8,51% del PIB, en el año 2015 el déficit fue del 5%.Esta reducción que, en números redondos, supone más 30.000 millones ha supuesto tanto un éxito macroeconómico como un fracaso social; tenemos a un 22,1% de la población en riesgo de pobreza (datos del INE con criterios de EUROSTAT, que otorga esta condición a quienes tienen rentas inferiores al 60% de la renta mediana). Pasar en dos años del 5% al 3%, es decir reducir en 20.000 millones el déficit, es también posible pero, sí no hay un importante crecimiento económico, será a costa de otra vuelta de tuerca social de muy difícil manejo. En todo caso pintan bastos.

    La Comisión Europea, una vez conocidas las cifras de 2015, hizo como el Comandante, “mandó a parar” y para evitar una posible multa de 2.100 millones, por incumplir el protocolo de déficit excesivo en plena campaña electoral, nuestro Presidente prometió ser un alumno aplicado, pero, claro está, a partir del próximo mes de julio. No es cosa de ponerse a ello desde ya, y total, falta ya tan poco para julio que por unas semanas de más no se va a notar.

    Desde el punto de vista del déficit y de la deuda nuestro país ha sido como un alumno que a pesar de “progresar” lo hace "insuficientemente”  y por ello necesita “mejorar”. En este sentido la carta de nuestro Presidente en funciones se entiende perfectamente y puede resumirse como “Querido Jean-Claude: Que quieres que te diga. Ya sabes que hasta después de las elecciones poco podemos hacer, pero cuando formemos un nuevo Gobierno, por estas, que salimos del procedimiento por déficit excesivo cuanto antes, haciendo lo que haya que hacer. Vamos a ser los alumnos más aplicados que te puedas imaginar. Ya verás cómo es así, pero de multa nada de nada, porfa”.  

    Naturalmente la carta ha sido releída y, según sus autores intelectuales y los propagandistas de plantilla, todo se hará sin dolor a base de reinterpretar los créditos, cambiarlos de sitio, mejorar la eficiencia y la capacidad de gestión, y actuaciones similares de naturaleza incruenta, del nada por aquí y nada por allá típicas de la calle Sierpes, sobradamente voceadas y conocidas. En fin, intentar hacer posible el desiderátum de gastar sin que se note, pero como esto no es posible toca hacer lo de siempre, que si se nota.

    Se han desaprovechado cuatro años de mayorías absolutas para hacer los cambios de rumbo que se necesitan, y no ha sido por pereza legislativa. Se han cambiado leyes a gogó, pero se han dejado otras reformas en el tintero, bien por cuestiones ideológicas, bien por tocar intereses considerados intocables, bien por no complicarse la vida o bien por vaya Ud. a saber; pero lo cierto es que no se han hecho, y ahora toca apechugar con las consecuencias.

    En este cogobierno, con la UE de partenaire, que nos espera veremos de todo, pero ahora hay dos nuevos jugadores, redes sociales más amplias y accesibles, más información y una mayor politización que cambian el panorama de hace cuatro años. Gane quien gane no lo va a tener nada fácil para cumplir con la reducción del déficit prometido. Conseguir plazos más amplios para tener unas cuentas más presentables es, además de una necesidad, una cuestión de utilidad.

     

     

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