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  • 12
    Mayo
    2015

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    Impuestos tasas estado de bienestar-.

    Donde debe estar nuestro dinero?

    Donde mejor está el dinero es en nuestros bolsillos.

    (mantra de actualidad)

     

    Como todas las verdades a medias, y como todos los mensajes simples con un fondo de realidad, esta frase ha hecho fortuna. Suelen decirla, además de los tontos útiles que es un colectivo en constante aumento, aquellas personas que, que en lugar de pagar impuestos directos para poder disponer de bienes o servicios públicos, prefieren abonar tasas por su utilización. Esta petición suele acompañarse, aunque no necesariamente, de otra que pide la prestación por el sector privado de esos servicios públicos, con lo cual su pago mediante tasas estaría asegurado.

    Un ejemplo: nuestra red de autovías se ha construido con dinero público, que incluye impuestos de todos, y esta corriente de opinión cree que deberían de sufragarse mediante tasas, por parte de quien las utilicen, como si fuesen autopistas de peaje construidas con dinero privado (AP). Otro ejemplo: la educación universitaria se financia, en su mayor parte, con impuestos; los creyentes en esa frase opinan que las tasas universitarias deberían de suponer la totalidad del coste, es decir otra vez lo mismo que las autovías. Todo esto nos lleva a que la presión impositiva necesaria para hacer, o mantener, bienes de uso común se reduciría notablemente; pero para disponer de ellos habría que pagar tasas, que son iguales para todos con independencia de su renta, en lugar de impuestos. Es bien sabido que los directos son distintos: cuanto más se gana más se paga.

    Es decir, cuanto más afortunado se es menos se necesitan determinados servicios públicos, y más impuestos directos se pagan. Es natural pedir, sí somos afortunados, que el dinero se quede en nuestros bolsillos, en lugar de destinarlo a una solidaridad impuesta para beneficiar a otros. Lo que ocurre es que esa solidaridad impuesta es el fundamento del estado de bienestar y esas frases, y el pensamiento que está detrás, lo ponen en cuestión. Por supuesto que se puede estar en contra de este modelo de sociedad, es una opción legítima, pero hay que decirlo a las claras, y no escudarse detrás de frases afortunadas de sentido ambivalente.

    Nada de lo anterior supone que no exista un fondo de verdad, sin contenido ideológico, acerca de la presión fiscal que soportamos. Al parecer una de las causas es que pagan pocos y por eso, para recaudar lo previsto, los que pagan deben de hacer un esfuerzo extra. Además la existencia de duplicidades administrativas en nuestro Estado de las Autonomías es un auténtico lastre económico y funcional. La Alemania Federal podría ser un ejemplo a imitar en el sentido de que su administración es única, como hace ya tiempo proponía D. Manuel Fraga.

    Eliminar las inútiles Diputaciones Provinciales, y concentrar Ayuntamientos, es también una tarea pendiente que ayudaría a quitar razones a la frase de marras. Despilfarrar nuestros impuestos deslegitima el sistema y da razones a quienes utilizan esa muletilla.

     El estado de bienestar tiene muchos adversarios, además tampoco se disimula mucho,y proponer su eliminación es una opción politico-social que no tiene motivo para ocultarse por medio de frases más o menos afortunadas.El negocio es amplio en dos áreas fundamentales: la sanidad y las pensiones. En las dos ya funciona el sector privado, pero el núcleo que sigue siendo público es muy goloso, y tanto en uno como en otro campo sí el dinero destinado a esas actividades estuviese en nuestros bolsillos, y no en una bolsa común, muchos, más pronto que tarde, lo pasarían mal, aunque por supuesto mucho peor tarde.

    Hay que decir que tanto las pensiones como el sistema sanitario, con todos sus defectos, funcionan de manera más que aceptable, y mientras lo hagan durarán. Menos mal que es así, aunque no se tenga tanto, o tan poco, dinero en los bolsillos.

     

     

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