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  • 07
    Abril
    2015

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    Airbus A320 Yakovlev 42

    Dos accidentes aéreos.

    La comparación de dos accidentes aéreos, el del Airbus A320, en los Alpes franceses, en el que murieron 144 pasajeros y 6 tripulantes, y el del Yakovlev 42D, en Trebisonda (Turquía), en el que perecieron 62 militares españoles y 13 tripulantes del avión, ofrece alguna similitud y muchas diferencias.

    Las diferencias en cuanto al avión son claras: el Airbus A320 era un modelo en perfecto estado, en tanto que las quejas sobre el Yakovlev 42D eran constantes y documentadas, sin que se tomara medida alguna para reconducir una situación de riesgo evidente.

    Continúan las diferencias en lo relativo a las causas del accidente; en un caso, el del Airbus A 320, una acción voluntaria, y en el otro caso, el del Yakovlev 42D, una serie de motivos entre los cuales estaba la fatiga de la tripulación y la insuficiente formación de la misma, así como la utilización incorrecta de los instrumentos y de los sistemas de vuelo automáticos.

    La información dada a la opinión pública también ha sido distinta. En un caso, el del Airbus A 320, ha sido rápida, clara y veraz. Ninguno de estos adjetivos puede aplicarse a lo ocurrido con el Yakovlev 42, ejemplo de mala conciencia y de lo que no se debe de hacer.

    También es diferente el trato dado a los restos de las víctimas. En un caso se está haciendo con respeto, intentado una identificación rigurosa y dedicándole, a esa tarea, el tiempo preciso. En el otro las prisas para intentar cerrar un caso que quemaba, terminaron en una chapuza indecorosa que causó vergüenza ajena en las autoridades turcas allí presentes, que advirtieron y avisaron, sin ser escuchadas, de la falta de garantías en la identificación de un buen número de víctimas. La vergüenza propia no abundó demasiado, y su falta hizo posible que el funeral de Estado por los fallecidos pudiera celebrarse dos días después del accidente, con la más que evidente intención de dar carpetazo al asunto cuanto antes.

    Mientras que los familiares de los fallecidos en el accidente del Airbus A320 están siendo tratados de una manera digna, alejándolos de los medios de comunicación para respetar su dolor y su intimidad, poniendo a su disposición todos los recursos para hacer más soportable ese trance, los familiares de los militares del Yakovlev 42 fueron ninguneados, e incluso menospreciados, poniéndoseles todas las dificultades burocráticas imaginables, negándoseles además las peticiones de entrevistas cuando intentaban pedir explicaciones sobre lo ocurrido.

    Hasta ahora la conducta de los responsables de Lufthansa no ha merecido, que se sepa, ningún reproche; se han puesto a disposición de los familiares y no han eludido sus casi seguras responsabilidades en el suceso. El entonces Ministro de Defensa, Sr. Trillo, haciendo un alarde de gallardía, atribuyó el accidente a sus subordinados militares, señalando además que el Presidente Aznar había rechazado su dimisión, motivo por el cual su responsabilidad política estaba colmada, y aquí paz y después gloria.

    No parece que Lufthansa haya estado acertada en la selección, y en el mantenimiento en su puesto, del copiloto del Airbus A 320; los fallos de comunicación y procedimiento parecen evidentes. En esto hay similitud con los oídos sordos de las autoridades militares españolas en relación con el estado, y la falta de garantía en materia de seguridad, que presentaba el Yakovlev 42.

    Como de todos los accidentes se aprende algo, los militares españoles no han vuelto a volar en aviones manifiestamente inseguros y objeto de múltiples subcontrataciones, a través de múltiples intermediarios, que hacen prácticamente obligatorias las sospechas sobre los intereses que pudiera haber en ellas. Cambiaran también, sin duda alguna, los protocolos médicos que se aplicarán para dar y renovar las licencias de piloto, y, hasta que las aguas vuelvan a su cauce, muchos no la obtendrán o la perderán.

     

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