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  • Dos ídolos caídos

    El sabio, sencillo y a veces cruel refranero español nos dice que “del árbol caído todos hacen leña, que” a moro muerto gran lanzada”, y toda una serie de dichos que, en esencia, indican lo fácil y poco arriesgado que es criticar o zaherir a quienes, después de haberlo tenido, pierden cualquier tipo de poder, sin perspectivas de que puedan recuperarlo. Esto último es muy importante, ya que si existe la posibilidad de recuperación del poder ni se está caído, ni se está muerto, y el “quién sabe lo que puede pasar” guarda la viña de las lenguas y las plumas, a la espera de una mejor ocasión. Claro está que pueden producirse patinazos, tanto por adelantarse a los acontecimientos, como por exceso de prudencia.

    Salvo para aquellos que están en el meollo de la cuestión, que conocen los temas y se los guardan por lealtad y/o interés, la gente del común se entera, o se da oficialmente por enterada, de las cosas cuando los ídolos caen, bien caídos, y hay barra libre para el pin, pan, pun.

    Del Sr. Rato se dice públicamente, ahora, que llegó a la política después de que su padre preguntara aquello de” cuánto cuesta que mi hijo sea diputado”, que vendió, para minorar el déficit público, lo que dejó el Sr. Solchaga de la industria pública española, haciendo bueno eso del “pan para hoy y hambre para mañana”, o lo de que “él que venga detrás que arree”. Que fue el iniciador de la burbuja inmobiliaria con la Ley del Suelo de 1998, y que además, en el ámbito eléctrico, promovió la Ley 54/1997, y posteriormente el Real Decreto 1452/2002, que dieron origen al déficit de tarifa (para cuadrar las cifras de inflación la luz no incrementaba su precio más allá del valor estimado del IPC, y la diferencia pasaba a ser déficit de tarifa a pagar cuando se pudiera).

    Además de todo lo anterior también se dice de él que fue el autor del milagro económico español, ese milagro que duró lo que duró la burbuja inmobiliaria. España sigue sin encontrar un Ministro, o mejor un Gobierno, que ponga las bases para un cambio de modelo productivo, que es lo único que puede evitar el agotamiento económico que se produce periódicamente en este país, debido, entre otras cosas, al déficit por cuenta corriente, cuando hay crecimiento.

    Nunca hubo una explicación, más allá de motivos familiares para su dimisión como Director Gerente del FMI, que dejó a España sin un puesto de relevancia mundial. Se dice que su nombramiento fue una compensación de Mr. Bush al apoyo prestado por el Sr .Aznar a la guerra contra Irak, y también que permaneció en ese puesto el tiempo necesario para conseguir la pensión que disfruta, pero se dicen tantas cosas que es muy difícil deslindar el grano de la paja.

    Tiene ante sí muchas citas con la Justicia, por sus actuaciones allí en donde estuvo. Que todo se resuelva lo más rápido posible.

    Otro personaje también caído, pero fuerte y prepotente durante muchos años, es el Sr. Fernández Villa, actualmente domiciliado en Oviedo. Sus desventuras comenzaron con la amnistía fiscal, cuando se filtró, debido a una operación sin la suficiente “finezza”, que había blanqueado un millón cuatrocientos mil euros, y continúan con una denuncia del SOMA, que le reclama 360.000 euros cobrados de forma presuntamente irregular.

    Su capacidad de influencia llevó a que en la aplicación de esa lluvia de millones de euros que fueron los fondos mineros, los sindicatos tuvieran un papel decisorio, que excede de sus competencias y de su capacidad de gestión; ya se sabe que aquello de “zapatero a tus zapatos” suele resultar generalmente cierto. El tiempo ha hecho aflorar todos los errores conceptuales y de aplicación que impidieron sacar el adecuado partido a los muchos millones que, de forma solidaria, aportó el conjunto de la sociedad española. En el balance final puedan apuntarse en el lado positivo las prejubilaciones, que panorama existiría sin ellas, y algunas dosis de hormigón bien empleado.

     

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