Blog 
Mirar y ver
RSS - Blog de Manuel Cores Espiñeira

Archivo

  • 17
    Abril
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    políticos ciudadanos comportamientos

    Ejemplaridad pública

    Hay un libro de Javier Gomá-Ejemplaridad Pública- que ofrece desde el ámbito de la filosofía y la sociología una reflexión teórica sobre esta materia. Sin profundizar tanto, y sin tanta brillantez, y ciñéndose a aspectos más concretos, pueden hacerse algunas reflexiones sobre determinadas cosas que estamos viviendo.

    Un primer apunte: en 1974 el Canciller Billy Brandt dimitió al conocerse que un miembro de su Gabinete-caso Guillaume-era un espía al servicio de la entonces Alemania Oriental. Hay otros muchos ejemplos, generalmente foráneos, de dimisiones por responsabilidades propias, o por lo que se llama “responsabilidad in vigilando”, como el caso citado de Willy Brandt que dimitió porque un colaborador, elegido por él, no debió de llegar a ese puesto.

    Si traducimos esto a nuestro país y exigimos, como creo que deberíamos de hacer, una conducta similar en nuestros representantes públicos, el mapa político español tendría que sufrir una renovación muy importante.

    El comportamiento de buena parte de nuestra sociedad que vota sin el más mínimo sentido crítico siempre a los mismos, hagan o dejen de hacer lo que sea, es en buena medida culpable de la situación actual. Ser un “hooligan”, pacifico claro está, es en política, y por supuesto en la vida, una mala opción; llama la atención que personas brillantes, al menos aparentemente, en su vida social y profesional sean intratables, o torpes, cuando se intenta hablar con ellas sobre fútbol o sobre política, ejemplos de donde prima lo emocional y lo primario. No parece haber remedio para esto, pero en todo caso el sentido crítico, y por supuesto el autocrítico, la memoria histórica y la buena información- leer, oír y ver más de un medio- pueden ayudar, sí transforman lo emocional en racional, a que el llamado “suelo electoral” se modifique.

    De todas maneras hay que ser optimistas, algo está cambiando en nuestra sociedad. En nuestras cárceles hay políticos, artistas, toreros y empresarios que hasta hace poco eran rara avis en esos ámbitos; podemos decir, parafraseando al molinero que se oponía a una pretensión injusta del rey de Prusia Federico II El Grande, que todavía hay jueces en Berlín. Aquí los tenemos en la Audiencia Nacional, en Mallorca, en Barcelona, en Sevilla, en Castellón, en Ceuta, en Lugo y en muchos más sitios, y gracias a ellos, que son el último refugio ante tanta desvergüenza y ante tanta tolerancia social, avanzamos.

    Llama la atención, al menos a algunos, una frase que se escucha con frecuencia cuando algún político, o persona de relevancia, tiene problemas con la Justicia; “ van a por él” o ” es una campaña” son frases muy corrientes y recuerdan a aquello de la conspiración “ judeo- masónica” de tiempos ya pasados. Decir cuando alguien de los “nuestros” se ve inmerso en un proceso judicial que “ van a por él” o “ es una campaña orquestada”, y señalar cuando alguno de nuestros “adversarios políticos” tiene problemas que “ algo habrá hecho”, no parece un ejemplo de ecuanimidad. De todos modos para “ir a por alguien” tiene que haber, en el ámbito judicial, algo en que soportar ese asunto; resulta muy difícil, y valga el ejemplo, ir a por el vecino del quinto. Ir a por alguien en el ámbito político entra dentro de las reglas del juego.

    Falta ejemplaridad en nuestra vida pública y falta el castigo en las urnas para tanta desvergüenza y tanto cinismo. Los ciudadanos tenemos dos armas, nuestro voto y nuestro dinero; podemos gastarlo o guardarlo donde mejor nos convenga, y podemos votar, o botar, a quien queramos, incluso a quienes no nos convienen.

    En esta sociedad se fabrican ídolos, y cuando no hay nada detrás y/o cuando hay codicia y ambición en grandes proporciones, acaban cayendo con más o menos estrépito, y entonces el proceso de revisión es cruel. Las hazañas pretéritas no son tales, han sido huidas hacia delante que dejaron el campo sembrado de minas para que le exploten a quienes vengan detrás, y también se ponen en relación los éxitos con la coyuntura. Ya se sabe que del árbol caído puede hacerse leña, tanto para arder como para arrear estopa y subir en el escalafón.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook