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  • Encrucijada sindical.

    Entre las muchas cosas que se están tambaleando, en parte por meritos propios, están los sindicatos clásicos. Además de las definiciones relativas a juntas de síndicos, o a sindicatos de obligacionistas, la definición de la RAE, que viene al caso, es la de “asociación de trabajadores para la defensa y promoción de sus intereses”. Continuando con la RAE un trabajador es aquella persona que “tiene un trabajo retribuido”, y ya para agotar, por lo que más adelante se verá, trabajar es “tener una ocupación remunerada en una empresa, una institución, etc. “

     En este amplio vagón caben, con independencia de su nombre, todo lo que sean más de dos, con una ocupación remunerada en cualquier ámbito, que se hayan dado cuenta de que juntos pueden defenderse mejor. Y como las cosas son lo que son, con independencia de como se llamen, hay sindicatos en todos los ámbitos de la vida, y de todos los poderes del Estado, tanto civiles como militares. En este sentido el movimiento sindical ha triunfado, hay asociaciones profesionales de trabajadores de todo tipo, rango y condición, y gozan, en general, de buena salud. Tienen muy claros sus objetivos, aunque entre los no confesables se encuentre el colocarse y el colocar a familiares, amigos y conmilitones, y también tienen un serio peligro en el amarillismo que a veces las impregna e incluso las crea. Hay más de un sindicato profesional, creado, promocionado o mantenido por la empresa, que actúa como una vacuna frente a cualquier tipo de veleidad, como puede ser la reivindicación o la afiliación a cualquier otro. En todo caso estos sindicatos, aunque por voluntad propia o por cuestiones legales prefieran llamarse asociaciones, han venido para quedarse, y las grandes centrales tienen que atarse los machos y aplicar eso de renovarse o morir.

    Las grandes centrales, que han prestado enormes servicios a los trabajadores, tienen también dos grandes adversarios: ellas mismas y un amplio magma entre el que están los que se llaman liberales, a media jornada o a jornada completa, la patronal con visión cortoplacista, y las personas sin criterio y los tontos útiles, que son dos clubs con más socios cada vez. Naturalmente estos adversarios no serían nada, o casi nada, sin el apoyo de un aparato mediático que sistemáticamente denigra, las más de las veces de forma merecida, cualquier cosa que los sindicatos digan, hagan o incluso piensen. Y sí la realidad no es lo suficientemente atractiva para ello ,se inventa; el kilo de comunicador, bien sea por convicción o por convencimiento, está muy barato.

    Naturalmente los grandes errores, y también delitos, cometidos por algunos prebostes sindicales que intentar competir con la Divina Providencia, en eso de permanencia en el cargo, no ayudan a la ejemplaridad exigible, de modo especial, cuando se tienen enfrente a adversarios de nivel. Lo de los ERES, el SOMA, la politización partidista y bastantes cosas más, son una losa que les costará mucho levantar.

    ¿Y qué hacer? Una mirada al exterior nunca viene mal en estos casos y de un modelo tan potente como el alemán siempre puede aprovecharse algo. En ese país, por ley, el dere­cho a acogerse a los acuerdos firmados por un sindicato está limitado a los afiliados al mismo, aunque las empresas, voluntariamente, suelen conceder al resto de trabajadores las mismas condiciones. Otra cuestión es la financiación de los sindicatos, que no reciben subvenciones del Estado, ni subsidios públicos y viven de las cuotas de sus afiliados, que son muchos, y de su patrimonio. No existe la figura de liberado sindical,tal y como aquí lo conocemos.

    Pues algo, o mejor dicho mucho, tendrán que hacer las grandes centrales si quieren revertir la situación, para pasar a ser ejemplares, y creibles, y para adaptarse a las nuevas condiciones – paro estructural, precariado, falsos autónomos, etc.- de un mercado laboral que ya no es lo que era, sabiendo que son necesarias para evitar lo que se pretende, que es, nada más y nada menos, que el individualizar las relaciones laborales, con el riesgo que ello supone cuando esa pretensión se generalice. Ya decía Goytisolo, aunque pensando en otra cosa, aquello de “un hombre solo, una mujer así tomados, de uno en uno son como polvo, no son nada……”, y eso, aunque no hayan leído a Goytisolo ni piensen hacerlo, lo intuyen muchos.

     

     

     

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