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  • 18
    Mayo
    2015

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    Electorado participación ley d'hont abstención

    Encuestas,votos y resultados

    En esta campaña electoral, la segunda de las cuatro previstas para este año, han aparecido como de costumbre las encuestas electorales del último domingo antes de los comicios. Lo primero que llama la atención es ver cómo les afecta la crisis de los medios de comunicación; son menos abundantes y son más limitadas en su alcance.

    Una las controversias que suscitan es su influencia en el electorado. Por una parte hay una corriente que opina que desmoviliza al electorado, que comprueba que su opción preferida marcha en cabeza, o que no está nada bien situada, y que por tanto su voto no tiene repercusión alguna en el resultado, y se abstiene de acercarse al colegio electoral y votar. Por supuesto esto no afecta a lo que se llama “suelo electoral”, que es el número de electores que son incondicionales de unas determinadas siglas políticas, bien sea por interés o por convencimiento, y que las votan con independencia de cualquier consideración sobre su comportamiento ético o su gestión. Es bien sabido que los dos factores que deciden el resultado electoral son el porcentaje de participación, y las personas que modifican su voto en función de las circunstancias.

    Además de su efecto sobre la participación electoral su publicación, según los politólogos, puede tener también las siguientes consecuencias sobre el sentido del voto:

    -          Ninguna. El votante vota por su preferencia.

    -          Su publicación tiende a favorecer al partido que marcha en primer lugar. Este voto a caballo ganador es lo que denomina la profecía auto cumplida.

    -          Perjudica al candidato que marcha encabezando los sondeos, al poder propiciar el aumento del voto en su contra. Es la profecía suicida.

    En todo caso y visto el interés que tienen los distintos partidos en resaltar las encuestas que les son favorables, o incluso en encargarlas ex profeso para mantener la moral de la “tropa”, la opción de que favorecen a quién aparece como caballo ganador gana enteros. Por supuesto que siempre queda la opción de decir que “la verdadera encuesta son las urnas” , que “nosotros no trabajamos con hipótesis”, que “nuestras encuestas internas dicen lo contrario” o cualquier frase apropiada para salvar la situación cuando en las encuestas publicadas pintan bastos. Hay que esperar que para las próximas citas electorales las frases tópicas, y típicas, evolucionen, a ser posible, hacia la sinceridad o hacia una mayor imaginación.

    Sí suponemos, como por otra parte parece que lo demuestra lo sucedido en anteriores elecciones, que la abstención favorece a los partidos con “suelo electoral” alto, una mayor participación suele ser sinónimo de cambio. Al parecer se acude a votar de forma casi masiva cuando se desea “echar” a los que están, con independencia de lo que digan los sondeos, y en ese sentido no acudir a votar es un modo de validar lo que hay. Todos conocemos elecciones, como las últimas autonómicas en Galicia, en las que una baja participación aumentó el resultado del partido en el Gobierno, dándose la paradoja de obtener más diputados que en las anteriores elecciones, con menos votos populares que los conseguidos en ellas. 

    El voto en blanco es un voto válido que se suma al total de votos. Nuestro sistema electoral se basa por la ley d'Hont, que excluye los partidos minoritarios que no alcanzan al menos el 3%, por eso al haber más votos en total, los votos en blanco perjudican a los pequeños partidos al necesitar más votos para obtener un escaño.

    El voto nulo se produce cuando dentro del sobre hay algo que no contempla la legislación electoral (insultos, tachaduras, papeletas no autorizadas etc.etc). Son “votos no válidos” y no cuentan en el resultado. En el fondo equivalen a una abstención, y tienen su mismo valor en el resultado final.

    Lo importante, como en las Olimpiadas, es participar y votar a quien uno quiera con plena y total libertad como sucede en nuestro país.

    Por cierto al concejal, diputado o senador electo le trae al pairo, por decirlo suavemente, el número de votos con que fue elegido. Tanto se lo votan 1.000 como 20.000 su elección es legal, y solamente los estudiosos del tema electoral le dedicarán algún que otro artículo o tesis a la baja, o alta, participación, que leerán otros estudiosos y todo quedará en casa.

     

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