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  • 06
    Marzo
    2016

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    Deudas Impuestos y precios públicos herencias reclamaciones.

    ERA y deudas.

    El aire es el típico ejemplo de una cosa gratis, al menos de momento, pero van quedando pocas. Lo que desde luego no es gratis es construir y mantener una residencia del ERA. Es de suponer que nadie, o, mejor dicho, casi nadie piense lo contrario, aunque nunca se sabe, ya que todavía queda alguna gente, incluso agnóstica, que cree que los servicios públicos se mantienen de forma sobrenatural, es decir milagrosamente, y lo que es igualmente importante: sin que los bolsillos propios intervengan para ayudar a sostener el milagro.

    Cuentan que el escritor Josep Pla, de visita en Nueva York, preguntó, al contemplar el espectáculo de las luces de Manhattan, aquello de “oiga, y esto quien lo paga” .Don Josep, como buen payés, sabía que casi todo tiene un precio, y que la cuestión es decidir a quién se le pasa la factura.

    Sentado el principio de que, en general, las cosas cuestan dinero, la siguiente cuestión es ¿quién las paga? Una opción es que las paguemos todos, tanto los que las utilizan como los que no, a través de los impuestos; otra opción es que las paguen los que las utilicen, que en el caso del ERA sería a través de un precio público. También cabe un sistema mixto, es decir que los usuarios paguen hasta donde alcance su nivel económico, es decir hasta donde puedan, y sí no pueden que no paguen, y que la sociedad, es decir todos, paguemos el resto.

    Esta última alternativa es la escogida por él ERA, que, es de suponer se haya basado para elegirla en cuestiones de recaudación fiscal, ya que lo más cómodo sería dejarse de líos, no cobrar nada a sus residentes, y pagar su estancia con los impuestos de todos, que naturalmente tendrían que subir, cosa que nadie quiere tener que hacer ni nadie quiere tener que soportar.

    Como el porcentaje de la pensión que se cobra a los residentes no es suficiente para cubrir todos los gastos ocasionados, el ERA se persona como parte interesada, ya que así consta en el contrato de hospedaje firmado, en la herencia del residente cuando éste fallece. Si el fallecido carece de bienes nada se puede cobrar, y si los tenía se cobra la parte de los gastos no satisfechos, hasta donde alcance la herencia. Es decir los familiares no pagan nada con sus bienes propios, son  los bienes heredados los responsables exclusivos del pago.

    Otra cuestión es la dificultad de hacer frente a las cantidades reclamadas cuando, por ejemplo, la herencia es una propiedad inmobiliaria difícil de vender, o que hay que vender a un precio bajo, tal y como está el mercado. La aplicación en el Principado de la Ley de Sucesiones y Donaciones, por su extremada dureza impositiva, tampoco contribuye a hacer más asimilable el trance. Para cuando un cambio de la normativa que nos lleve, al menos, a la media impositiva de las restantes Comunidades Autónomas y evite tantas renuncias a heredar?

    Manteniendo el principio de que el residente, sí tiene bienes, debe de contribuir con ellos a abonar el coste total de su estancia, convendría flexibilizar los plazos, y todas aquellas otras cuestiones que contribuyeran a facilitar el pago por parte de los herederos de la deuda contraída.

    Otro asunto es la información que debe de enviarse a los familiares de los residentes. Aunque es un tema delicado, por razones obvias, decirle a los familiares cuánto va suponiendo la deuda del residente, a pagar con su herencia, tampoco parece lógico que no se diga nada hasta el final. Como siempre en el término medio está la virtud.

    Una última reflexión: cuando la Administración funciona, aunque sea con un cierto retraso, comienzan los problemas ¿será por eso por lo que hay tanta gente interesado en que no lo haga?

     

     

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