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  • Informaciones y desinformaciones.

    Llama la atención que en un mundo en donde el agnosticismo ante muchas cosas y la incredulidad ante otras muchas están al orden del día, existan unas tragaderas muy importantes ante las falsedades, mentiras, medias verdades, mentirijillas, manipulaciones, desinformaciones , exageraciones, encubrimientos, maniqueísmos, ocultaciones y demás trucos de similar o peor condición, que nos envuelven en una atmósfera que hace bueno uno de los lemas de la desaparecida Codorniz; ese tan conocido que decía aquello de que “donde no hay publicidad resplandece la verdad”.

    Al Dr. Goebbels le han salido discípulos con la misma o mayor cara, si cabe, pero con menor capacidad y también con menores riesgos; ninguno acabará, previsiblemente, entre las ruinas de un búnker, su deseo está más próximo a acabar recogido en el Ibex 35, o tal vez en alguna de las RTV, o grupos de prensa, que abundan mucho y que tienen que buscarse un lugar al sol, que a lo que parece es al que más calienta.

    La crisis de la prensa escrita es un hecho, basta con ver las tiradas de los principales medios, la desaparición de otros, los ERES de su personal o el pequeño número que va quedando de kioscos de prensa. Y es que la prensa escrita exige, al menos, un doble esfuerzo: tiempo y dinero , cosas ambas que no abundan demasiado. Tendrá que reinventarse; su desaparición, su conversión en tabloides, tipo The Sun o Die Welt, o su concentración en pocas manos sería un pequeño, o tal vez no tan pequeño, drama, o tal vez una pequeña, o no tan pequeña, tragedia. Sí hay algún remedio a tanto mal debe de estar del lado del prestigio de los medios y de su pluralidad.

    El mundo digital, en abierto, tiene en la inmediatez su ventaja y su debilidad; salvo los profesionales pocos pueden seguirlos en sus incesantes cambios, tanto de titulares como de contenidos, que a veces no se corresponden, y los digitales de pago no acaban de arrancar. Son relativamente recientes y abundantes como las setas después de la lluvia, y tal vez necesiten tiempo para asentarse y quizá lo que muchos no quieren dar: dinero por leerlos.

    Los medios audiovisuales tienen otras reglas, que pasan, en primer lugar, por conseguir del Gobierno de turno una licencia para emitir, ya que el espacio radioeléctrico es finito. Otra cuestión son el cable e internet que ofrecen ilimitadas posibilidades. La fragmentación de audiencias es un hecho y la cuestión puede llegar a ser el casar la oferta con la demanda, cosa no fácil, ya que muchos canales en abierto son residuales al no gozar del favor del respetable, que con el mando a distancia impone su ley, dando y quitando razones.

    Es curioso el comprobar como todos los tiranos y tiranuelos, todos los dictadores y dictadorzuelos y todos los totalitarios, o aspirantes a serlo, de cualquier tipo y condición lo primero que hacen, o piden que se haga, sí no pueden hacerlo per se, es cargarse los medios claramente no afines, entre el aplauso de los incondicionales, para después continuar con los sencillamente no afines, hasta conseguir que queden sólo los afines. Bertolt Brecht lo expresó muy bien, pero en nuestra época la neutralización económica, por compra o subvención, da el mismo resultado y es un proceso más limpio.

    Y es que sin lectores, y por tanto sin ingresos, es muy difícil la continuidad. De su número, o de cualificación, dependen la publicidad y las subvenciones, tanto santas como no santas, que reciben. La cuenta de resultados manda y mucho, lo mismo que la ideología a la que se adscriba el medio. Ha sido muy curioso comprobar el trato que han dado los diversos medios a la filtración del famoso correo de la reina Letizia sobre su “compi yogui”, en el que nuestra Soberana desvelaba su pensamiento sobre diversas materias de diferente índole. Algunos ni lo publicaron, otros lo hacían de manera muy discreta, muy escondidito y en pequeño, en página impar y a la izquierda, y otros le dieron más relieve. Sin pluralidad no lo hubiéramos conocido, y nos habríamos perdido unas opiniones y unas valoraciones realmente interesantes. 

    Thomas Jefferson decía preferir periódicos sin gobierno que gobierno sin periódicos. Era otra época en la que se consideró a la prensa como el perro guardián de la democracia. Naturalmente perros, así sin especificar, hay muchos, y no es lo mismo un dogo o un mastín que un caniche, un chihuahua o que un can de palleiro. Mastines van quedando pocos, e incluso los caniches cada vez ladran menos y como mucho menean la cola, especialmente cuando la cuenta de resultados no resulta ser como debiera. Que le pregunten a D. Pedro J. lo que ocurre cuando con aquel “Luís se fuerte………” dio en la diana, pero hizo blanco en una época y en unas circunstancias poco propicias, y además con una cuenta de resultados manifiestamente mejorable. 

    Al margen de estas “filosofías” es tremendo observar como adquieren carta de naturaleza y muchos hasta se creen, o al menos dicen que se las creen, cosas como que no hemos sido rescatados con hasta 40.000 millones de € para reflotar nuestra banca, o que la mala situación de Venezuela se debe a una conspiración, lo mismo que la de Cuba es consecuencia del embargo americano. Qué decir de lo de las armas de destrucción masiva de Irak o de que aumentando, en Asturias, el tipo en el impuesto de sucesiones se recauda más, olvidando que los ricos se irían, sí es que ya no se han ido o se están yendo, en bloque a los paraísos fiscales de Madrid o Cantabria, y además saben cómo hacerlo, sin hacerlo. También hay otros a los que se les hace creer que construir infraestructuras a gogó crea riqueza-para los constructores evidentemente - olvidando que es la riqueza la que crea infraestructuras. Igualmente se nos dice, y más de uno y de dos lo cree, que Francia está mal, lo que es cierto siempre que se añada que tiene un paro del 10%,un salario mínimo de 1.500 € y que son nuestros viñadores los que se desplazan a ese país, y no   al revés. Lo de los atentados del 11M en Madrid, atribuidos por algunos a una extraña conspiración, es también un clásico. La lista es casi interminable, y a buen seguro que tendrá nuevas incorporaciones, las circunstancias y la necesidad mandan.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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