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  • Los inmigrantes y los refugiados.

    Con ocasión del penúltimo “salto”, de alrededor de 100 subsaharianos, de la valla de Melilla, la alcaldesa de Madrid, Dña. Manuela Carmena, ha hecho unas declaraciones mientras visitaba la Cañada Real, que, en esencia, decían lo siguiente: “esta mañana, cuando escuchaba la radio, he aplaudido internamente por los que han saltado la valla de Melilla porque son los mejores, los más valientes"; “la historia de la humanidad está llena de la gran riqueza que significaron las emigraciones, los cambios, los mestizajes"; “nosotros queremos que vengan con nosotros y lo queremos de verdad, queridos amigos, porque son los mejores, los más valientes, los que en un momento están dispuestos a hacer lo que hacéis vosotros, emprendimiento social".

    La Cañada Real es una “urbanización”, que se extiende, durante unos 15 kilómetros a lo largo de la Cañada Real Galiana, antigua vía pecuaria, y por tanto propiedad del Estado, que unía La Rioja y Ciudad Real. En ella se asientan unas 10.000 personas en alrededor de 2.500 edificaciones de diversa tipología. La incapacidad de todas las Administraciones, con competencias en la materia, han creado esta bolsa de chabolismo y marginación impropia de cualquier Comunidad, y con más razón de la que tiene el mayor PIB de España. 

    Pero volvamos a Dña. Manuela Carmena, abogada laboralista que se libró, por no estar allí en aquel momento, del atentado de Atocha, que luchó desde siempre, en todos los puestos que ocupó, por la libertad y la justicia y que entró en la Judicatura por la puerta grande, es decir por oposición libre, y no a través de ese portillo que es el cuarto turno. Dña. Manuela tiene también, al menos, un muerto en el armario: su papel en todo lo relacionado con el estudio de arquitectura de su cónyuge, en donde, según todos los indicios, el respeto por los derechos laborales y económicos de quienes trabajaban allí no puede calificarse ni de ejemplar, ni tan siquiera de ético, cuestión judicial al margen. También han aparecido algunos asuntillos como el pago en metálico con ocasión de la compra de alguna propiedad, lo que no es habitual y que da ocasión a los mal pensados, que abundan menos de lo que sería deseable, a ejercer sus habilidades sociales.

    La cacería mediática por parte de aquellos, y aquellas, que hasta poco lo veían todo blanco y ahora lo ven todo negro, la obligación autoimpuesta de coger el metro para ir a trabajar, como prometió en la campaña electoral, (en qué estaría pensando), la variopinta composición del grupo que la apoya y las dificultades del puesto tampoco son motivos que contribuyan a la felicidad de nuestra Alcaldesa, pero sarna con gusto no pica y a muchos puestos hay que ir llorada. Una espantada, a estas alturas y a ese nivel, no sería admisible y no encajaría con su trayectoria personal.

    Pues bien, Dña. Manuela, se lió la manta a la cabeza y se arrancó con las declaraciones del principio, que animan a todos los desesperados que están en el lado malo de la valla a saltarla. Hay que decir al menos tres cosas: que la valla de Melilla y las pateras son anteriores a los actuales conflictos de Siria y Libia, que el Ayuntamiento de Madrid no tiene consignado en sus presupuestos el 0,7% prometido para ayuda al desarrollo y que aplaudir un acto ilegal, por muy justificado moralmente que esté, casa mal con el puesto que ocupa y con el respeto que se debe a la ley, mientras no cambie. No hay un solo país, al menos de los apetecibles, que no tenga, en el siglo XXI, controles fronterizos, y que además permita el paso libre, o por la fuerza, a su territorio y que, por cierto, ningún gobernante del signo que sea lo va a permitir. Otra cuestión es la inmigración controlada, e incluso la vista gorda en función, básicamente, de las necesidades de la patronal, que cuando terminan se desentiende del problema causado, que a ellos no va a afectarles.

    Por otra parte presidir un Ayuntamiento que no cumple con la obligación moral de destinar el 0,7% de su presupuesto a la ayuda al desarrollo, y no distinguirse, en la parte que le toca, por el respeto exquisito a los derechos de los trabajadores del estudio de su cónyuge, no coloca a Dña. Manuela en la posición moral necesaria para lanzar soflamas, que se quedan en eso y en una foto.

    Los países desarrollados tienen la obligación de apoyar a los menos favorecidos con infraestructuras, con ayudas a fondo perdido, con inversiones in situ, con la recepción de la inmigración que se precise, con la ayuda a la formación de cuadros, con la presión política necesaria para frenar la corrupción y el nepotismo, con la exigencia de democracia y libertad y con la denuncia ante los Tribunales Internacionales de los delitos, tanto económicos como de los otros, que se produzcan en esos países. Naturalmente la política internacional, los intereses nacionales y las apetencias de las multinacionales hacen que los cuadros idílicos lo sean menos. Vamos, que hay mucha tela que cortar, que no se soluciona con una foto y con unas palabras llenas de poesía.

    A toda la inmigración ilegal, de naturaleza económica, que llegaba a nuestro país y que mal que bien, más bien mal, se iba haciendo un hueco, se suma el drama de los refugiados que huyen para salvar sus vidas, no para mejorar económicamente, y eso es ya harina de otro costal. El problema, al que no es ajeno el trío de las Azores, es de una complejidad apabullante; están todos los factores- religiosos, étnicos, económicos, culturales, políticos etc.etc.- que lo convierten en un pandemónium difícilmente resoluble, aunque casi todos convienen en que la eliminación del ISIS es condición necesaria, aunque no sea suficiente.

    ¿Y cómo nos afecta el drama de los refugiados? Los datos de Eurostat, de 2015, indican que la Unión Europea recibió un número récord de solicitantes de asilo: en sus 28 países se formalizaron 1.321.600 peticiones de protección internacional. En España solo se registró el 1% (algo menos de 15.000). Alemania atendió 476.510, Hungría 177.135 y Suecia, 162.450.Los refugiados no desean, al parecer, acogerse en nuestro país; está más lejos, hay pocos connacionales suyos, se habrán enterado de cómo trata a sus nacionales, y prefieren otras latitudes. Además la colocación de carteles de acogida es más fácil que resolver su alojamiento y acomodo; hacerse la foto siempre se dio bien en estos lares, a partir de ahí sí no fuese por las ONG,s, y su trabajo ejemplar, y por algunas actuaciones institucionales quedaría el postureo, el politiqueo, la hipocresía habituales, la falta de seriedad, lo folclórico y el sí te he visto no me acuerdo. 

    Además de la ayuda que debe prestarse a los refugiados, que previsiblemente acabará en el presupuesto, no hay que olvidar que la solución está allí; España dejó de enviar emigrantes a América y más tarde a Europa cuando se desarrolló, aunque ahora vuelven porque nuestro desarrollo tenía los pies de barro, pero ya no es lo mismo. Ayudar en este momento, acabar la guerra y desarrollar más tarde es la receta, pero claro decirlo es lo fácil, y el presupuesto, que se nutre de impuestos y no de palabras, atraviesa momentos difíciles. Las preguntas finales son: ¿la sociedad civil será suficiente para resolver esta cuestión?, ¿tendría coste electoral un aumento impositivo, o la reducción de servicios, para hacer frente a esta contingencia?, ¿hay partidos dispuestos a asumirlo?. Pues adelante con los faroles.

     

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