Blog 
Mirar y ver
RSS - Blog de Manuel Cores Espiñeira

Archivo

  • 05
    Septiembre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    presupuestos Solidaridad palabreria primavera árabe

    Los refugiados sirios.

    El drama de los refugiados sirios tiene, desgraciadamente, muchos antecedentes. En el invierno de 1938/1939 alrededor de medio millón de españoles cruzaron la frontera huyendo de los últimos coletazos de la guerra civil. Francia abrió sus fronteras y alojó a ese torrente humano en improvisados campos de refugiados en donde la vida no era demasiado fácil. La situación se fue normalizando por la repatriación paulatina de los excombatientes y de la población civil sin “implicación” en causas políticas, por la emigración a Sudamérica y otros países y por la integración, de muy diversas formas, en la sociedad francesa que muy pronto se vio envuelta en la segunda guerra mundial.

    Las diferencias con la situación actual son muchas, y no es la menor la vecindad y la afinidad cultural que existía en aquel trance. Entonces la Unión Europea (UE) era una utopía que habitaba en la mente de algunos, el estado de bienestar era poco más que una meta a alcanzar, los medios de comunicación se limitaban a la radio y a la prensa y, naturalmente, la sociedad era distinta. Lo que ocurre ahora tiene muchos antecedentes, y con toda probabilidad no será la última vez que se produzca un éxodo como el actual.

    Esta migración siria tiene su origen en una guerra larga, cruel y fanatizada en que se cruzan y entrecruzan intereses geopolíticos y rivalidades religiosas que afectan a intereses de Rusia, China, EE.UU., Irán, Irak, Arabia Saudí, Turquía e Israel. Es decir están casi todos, juntos y revueltos (chiitas, sunitas, kurdos, islamistas…) y por ello será difícil una solución militar a corto plazo, salvo que alguno, o algunos, de los implicados, con suficiente peso, deje de considerar como prioritarios sus intereses en esa zona, o que exista un desgaste insoportable para alguno de los contendientes en liza.

    Eliminar a un tirano como Sadam Hussein y alentar la primavera árabe, que se llevó por delante algún que otro sátrapa, están en el origen de este conflicto. Como el gato escaldado del agua huye, los EE.UU. no desean enviar combatientes a ese conflicto y la UE, y por supuesto Rusia y China, tampoco tienen intención, posibilidades o ganas de hacerlo. Existe apoyo aéreo de EE.UU. de Turquía y de algunos países la UE, y solamente Irán, después de la firma del tratado sobre el desarrollo de armas nucleares, se ha implicado sobre el terreno. El asunto puede ir para largo y además las guerras, últimamente, son difíciles de ganar; las cosas en esto tampoco son como eran.

    Una parte de la población civil de la zona afectada por el conflicto, mayoritariamente siria, se ha refugiado en los países vecinos, y ahora muchos de esos refugiados ha emprendido el camino hacia los países de la UE, especialmente hacia aquellos que tienen un mayor grado de desarrollo, bien sea económico o social.

    Atender a ese gran número de refugiados políticos precisa de recursos privados (particulares, Cruz Roja, Caritas, ONG,s etc.etc.) y/o públicos, y estos últimos solamente pueden venir de redistribuir partidas presupuestarias para atender necesidades sobrevenidas (dicho de otro modo: quitar de allí para poner aquí), de aumentar la deuda o de subir impuestos. También cabe la posibilidad de mantener el presupuesto tal cual, sabiendo que esto supondría menos para todos aquellos que se benefician de partidas consideradas sociales; como sucede casi siempre a los, digámoslo así, bien acomodados la solidaridad suele salirles gratis, o ser simplemente verbal.

     Nuestro Gobierno ha cambiado de criterio, y de ser muy restrictivo, en cuanto al número de refugiados a acoger, por aquello de nuestra elevada tasa de paro, ha pasado a decir que a mandar, que para eso estamos. El papel de Alemania, que capitanea la solidaridad europea, ha sido fundamental en todo este proceso.

    Aquí, como casi siempre, ha aparecido la política en su peor acepción, acompañada de dosis de buenismo por parte de algunas de nuestras autoridades, que sin tener competencias en esta materia se han apresurado a ofrecer de todo sin aportar nada, o casi nada. Sin papeles con la firma de M.Draghi, es decir sin recursos, la solidaridad es palabrería. Decir que hay que atender a estas personas es obvio, y pocos, o nadie, estarán en desacuerdo, pero estas buenas intenciones, el “hay que”, hay que completarlas con el “como” y con el “cuanto”.

    Habría que pedirles a nuestros responsables políticos , y sociales, que cuando salgan en la foto lo hagan acompañados de algo más que de palabras y buenos deseos. Eso está alcance de cualquiera, a ellos, que no deberían de ser cualquiera, hay que pedirles algo, o un poco, más.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook