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  • Millones van,millones vienen.

    Uno de los cambios más notables de entre los habidos en nuestro país, pongamos que desde la Transición hasta ahora, ha sido la transformación de nuestras ciudades. Unos Ayuntamientos democráticos, y con más recursos, las han cambiado y en general para bien. Se han cometido tropelías, abusos, atentados al sentido común y al buen gusto y desafueros sin cuento, amparados bien sea por la codicia, por la corrupción, por el boom inmobiliario, o por la necesidad de presentar un balance de gestión que resulte aceptable para el cuerpo electoral, pero en general, lo que entra por los ojos, merece la aprobación del respetable, que es de lo que en el fondo se trata.

    Otra cuestión es el aumento de la presión fiscal, necesaria para dotar a los consistorios de recursos que permitan hacer las cosas y mantenerlas, y para que los concejales puedan tener dedicación plena, sí así lo desean y suelen desearlo, y para que haya una nube de asesores, temibles ya que en numerosas ocasiones se sienten obligados a justificar su sueldo.

    Al hilo de esta transformación ha parecido una nueva generación de alcaldes populistas que además de hacer mucho, han dejado mucho a deber y que también solos o en compañía de otros, hay sentencias que así lo dicen, se han llevado mucho. Como a rio revuelto ganancia de pescadores, muchos concejales, y otros cargos municipales,  se han revelado como auténticos Adelantados en eso de hacer buenos negocios a costa de quienes los hacen malos, que son los que los han elegido, no una sino más veces. Ya es sabido, y va de refranes, que sarna con gusto no pica.

    Como desconocer lo que ocurría solamente puede justificarse durante un periodo corto de tiempo, digamos un mandato y ahora ni eso, la respuesta a las anomalías que se iban conociendo es “lo hacen todos” y también “por lo menos hacen cosas”. También hay eso que se llama suelo electoral, o dicho de otro modo la hinchada, o los hooligans, sin los que el deporte o la política no serían lo que son, aunque dentro de esta hinchada hay grados, e incluso están aquellos que quieren, manteniendo las esencias, revertir la situación. En todo caso, aunque se diga, no es necesario votar con la nariz tapada, a “ellos” no les importa; ya se sabe aquello de que “pecunia non olet”, y los votos, una vez metidos en la urna, mucho menos.

    Tal vez lo ocurrido en muchos ayuntamientos haya sido una vacuna necesaria para evitar que algo parecido vuelva a suceder, aunque nunca se sabe por aquello de tropezar dos veces en la misma piedra. El común del cuerpo electoral ya conoce, sin excusas, que no existen los milagros presupuestarios, que la buena gestión no lo justifica todo, que las cosas cuestan y que no hay nada gratis. Y los elegidos saben que, tarde mucho o tarde poco, otros vendrán que bueno me harán, y que el dinero, aunque no huela, deja rastro, y que la tentación de culpar al enemigo anterior es muy fuerte para echarla por la borda sin más.

    Lo último del culebrón de Villa Magdalena es que, al parecer, no se consignó, a pesar de haber sido puesto de manifiesto la necesidad de hacerlo, el justiprecio inicialmente establecido. A partir de ahí la cosa se complicó, y una inmobiliaria que pago 3 millones acabará embolsándose alrededor de 60, que saldrán de los bolsillos de los ovetenses. Como ya se han pagado muchos millones restan pendientes 30 millones, más los intereses. Es de esperar que la actual Corporación intente que los responsables de ese desaguisado paguen con su dinero el coste de este disparate.

    Otra maravilla es la construcción de un palacio de congresos, de un centro comercial, de un hotel, de un aparcamiento y de unas oficinas públicas en un edificio diseñado por Calatrava. Todo estaría muy bien, salvo por un pequeño detalle: ninguna de esas cosas, salvo tal vez el aparcamiento, eran necesarias, y a las pruebas hay que remitirse. La operación, en la que participaban conocidos empresarios, también era de esas que se llaman de ingeniería financiera y, de momento, le han caído a nuestro Ayuntamiento, que como se ve es el perejil de todas las salsas, otros 25 millones. Sí también hay responsables, pues lo dicho, a por ellos.

     

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