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  • Nulla ethica sine aesthetica.

    Aquella frase de “nulla ethica sine aesthetica” viene de perlas por lo de Panamá y el fiscal Moix. En general un paraíso fiscal tiene dos características: opacidad y menores, o nulos, impuestos. Tiene poco sentido molestarse en hacer todos los trámites que se requieren para domiciliar sociedades en esos lugares, como buscar testaferros y demás, para a continuación declararlo todo a la Hacienda del país de origen. Claro está que en esa hipotética comunicación caben tres opciones: declararlo todo, declarar parte (no hacen paralelas en esos países, y lo que se declara queda al criterio del declarante) o no declarar nada. Este triplete de opciones es muy sugerente ¿que querrán decir los que afirman que están al corriente de sus obligaciones fiscales con el país de origen? .Se puede ser bien pensado, regular pensado o mal pensado, aquí, como en botica, puede haber de todo.

    Antes, hace años, muchos tenían dos pretextos para poner a buen recaudo sus dineros en países considerados estables. Los motivos eran las incertidumbres en lo político y lo económico. La democracia y el euro han debido de suponer el final de esas preocupaciones, que ahora han sido sustituidas por la conveniencia de ocultar, sí así se quiere, y de pagar lo menos que se pueda. Fiscalía anticorrupción, testaferros y paraísos fiscales (Panamá lo es para la Unión Europea) no son términos que puedan ir juntos sin chirriar.

    Otra cuestión es el porqué sale esto ahora a la luz. El fiscal Moix ya se había dado a conocer durante su paso como fiscal jefe en la Comunidad de Madrid, y su Panamá connection no era conocida, y ahora, a los pocos meses de ocupar su nuevo puesto, salta la noticia. Cabe hacerse muchas preguntas, pero hay dos fundamentales: quien y porqué. Es evidente que para filtrar algo hay que tener acceso a esa información, y en el caso del chalet panameño del fiscal Moix los que sabían de su existencia eran, al menos, en nuestro país: la familia, el constructor con el que habían pleiteado por un presunto alzamiento de bienes, la AEAT, el bien estaba declarado, y los amigos a los que, cualquiera de los cuatro copropietarios, les hubieran comunicado la situación legal de esa casa. Es decir mucha peña, para mantener esto bajo siete llaves, sí era eso lo que se pretendía, que tal vez no. Hay un dicho sobre los secretos de mucha utilidad “sí lo sabe uno secreto es, sí lo saben dos que te guarde Dios, sí lo saben tres secreto ya no es”.

    También cabe suponer, dentro del terreno de las hipótesis y dada la mucha gente que estaba en el ajo, que tanto algunos colegas, como los diversos servicios de información supieran de la casita de marras, tanto sí los cuatro copropietarios hablaban de ella con naturalidad como sí no lo hacían, al fin y a la postre es su trabajo, y esto lo sabían más de tres.

    Puede que algún hacker hubiera penetrado en cualquiera de los archivos en donde estaba registrada la propiedad, y haya revelado su existencia a alguien deseoso de publicarla. No, si por gente no va a quedar la cosa.

    Pero conocer algo no implica filtrarlo a medios interesados en publicarlo. Tiene que haber un porqué que justifique ese hecho, y caben muchos, dado que eran también muchos los conocedores del affaire, que tal vez esperaban la ocasión propicia para dar donde duele. Tampoco cabe duda sobre lo polémico que fue el fiscal Moix durante todo el tiempo que desempeñó su cargo de fiscal jefe anticorrupción. Son de dominio público sus desavenencias con parte de sus subordinados, así como los cambios que deseaba introducir, para dar mayor protagonismo a la fiscalía, en las tareas de dirección de las investigaciones que realizaran las fuerzas y cuerpos de seguridad. En fin, que no hizo demasiados amigos durante los tres meses que desempeñó el cargo.

    Es lógico pensar que alguien de los conocedores del, digámoslo así, secreto,dejándose llevar por alguna de las muchas pasiones que anidan en el corazón humano, haya sido el que lo reveló a un medio de comunicación. Por cierto, y dado que nos movemos en el ámbito judicial, en el momento procesal oportuno.

     

     

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