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  • 26
    Julio
    2015

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    Problemas cuestiones pendientes acuerdos consensos.

    Pactos de la Moncloa o tecnocracia?

    Estamos ya en la parte central de las vacaciones, de mediados de julio hasta finales de agosto, y aunque la cosa no es lo que era este mes y medio, junto con el período navideño y la semana santa, son el período vacacional por excelencia.

    Pero la vida ya no para en verano, las cosas están ahí y solamente se aplaza, cuando se puede, el intento de solución de algunas hasta septiembre. En el caso de nuestro país, que acaba de salir de un proceso electoral y está en vísperas de otros dos, el mes de septiembre durará hasta que finalicen las dos elecciones pendientes. Sin tener el mapa político completo no resulta prudente ni mover ficha, ni enseñar las cartas.

    Y es que las cuestiones a resolver son serias: ley electoral insatisfactoria para algunas formaciones políticas; legislación variopinta en temas fundamentales aprobada en solitario, o casi, por el PP; encaje de Cataluña en España; garantizar la independencia judicial; cambiar el modelo de crecimiento – no sólo de turismo y de especulación inmobiliaria vive el hombre-; poner límite al crecimiento de la deuda pública; cumplir el déficit pactado con la UE; reducir las cifras del paro; reformar la Administración Pública y…….. unas cuantas cosas más.

    Y como el factor humano es fundamental hay que preguntarse sí tenemos los mimbres necesarios para hacer todas esas cestas, y la respuesta puede ir desde el optimismo hasta la desolación, y no será por falta de gente dedicada a esos temas, que la hay en abundancia. En los aspectos que sean de naturaleza jurídica las cosas, en queriendo, pueden arreglarse; en los temas económicos es mucho más difícil conseguir algo; dependemos de los ciclos y tenemos un modelo low cost que puede significar pan para hoy y hambre para mañana, pero alguna vez alguien, que piense más allá de cuatro años, comenzará la tarea, nada fácil y lucida a corto y medio plazo, y por eso no se hace, de cambiar nuestro modelo productivo.

    Los temas políticos están muy enconados, juegan muchos factores, y los emocionales no son los menos importantes; hay muchos intereses en juego, algunos incluso legítimos, y mucha gente que vive, o aspira a vivir, de eso. Hay un gran componente de irracionalidad y de emotividad como estamos viendo en algunos de los nuevos Ayuntamientos que dedican tiempo, imagen y dinero a cuestiones nimias y controvertidas que irritan sin necesidad a quienes no los votaron, y que interesan más bien poco a muchos de sus votantes que los eligieron para que cambien las cosas que importan, no para que se entretengan con bagatelas y con cuestiones de protocolo adobadas con un rancio y decimonónico anticlericalismo.

    Hace ya bastantes años, en plena Transición y en un momento muy difícil, un grupo de políticos, de empresarios y de sindicalistas firmaron los Pactos de la Moncloa que sacaron al país de una situación muy delicada. Ha pasado mucho tiempo y han cambiado muchas cosas, y tal vez unos Pactos de la Moncloa bis ya no sean posibles, pero sin alguna forma de acuerdo amplio entre las formaciones políticas y sociales que quisieran sumarse al mismo podemos llegar tener una situación, digamos económica-político-social, de casi imposible manejo. Ya estamos viendo que una mayoría absoluta no basta para resolver la encrucijada a la que se dirige el país; un único partido político, sea cual sea, no puede con todo el tajo pendiente.

    El PSOE lidera, en solitario, un proyecto de reforma constitucional con tintes federalistas en el que participan expertos en esa materia, y tal vez ese sea el camino para este y otros asuntos: encargar a personas solventes, pero consensuadas y fuera de toda duda partidaria, la presentación de proyectos sobre los grandes temas de actualidad. Cuando falta la talla política que hubo en los Pactos de la Moncloa hay que recurrir a la tecnocracia.

     

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