Blog 
Mirar y ver
RSS - Blog de Manuel Cores Espiñeira

Archivo

  • 15
    Abril
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ejemplaridad Insolidaridad disculpas dinero físico

    Paraísos fiscales.

    Según los técnicos hacendistas son paraísos fiscales “los territorios de baja o nula tributación que, mediante normas específicas internas, garantizan la opacidad de las transacciones, con la ausencia absoluta de registros, formalidades y controles”. Es decir tienen dos características: opacidad y baja o nula tributación. También sirven, una vez que se ha puesto el pie en uno, para mover el dinero a cualquier otro, u otros, y hacer casi imposible el seguimiento de capitales obtenidos de forma lícita o ilícita. Por supuesto sí tiene usted cuatro duros no se moleste, salvo que tenga sentido del humor, ganas de incordiar o cualquier otra cualidad apreciable por gentes con parecidas características personales.

    Autócratas del este y del oriente, demócratas del oeste, aristócratas y miembros de la realeza, premios nobel, cineastas, actores, deportistas, cantantes, políticos (of course) y mucha más gente, de diversa laya y condición, eran clientes de una firma panameña, de nombre Mossack & Fonseca, dedicada a facilitar la vida a potenciales evasores fiscales, pero con sistemas de seguridad, visto lo visto, manifiestamente mejorables.

    Los clientes de esa firma, al menos los nacionales han dicho alguna, o algunas, de las siguientes frases, de elaboración no demasiado complicada dado que la cosa no da para mucho más: “no sabía nada, y tan pronto como lo supe lo cancelé todo” (léase “me habéis pillado in fraganti”) , “se trataba de cuentas antiguas y sin movimiento desde hace tiempo” (es decir “ … eos, no podéis demostrar lo contrario”), “está todo regularizado” (o sea “… eos, no podéis demostrar lo contrario” ó “ me he acogido a la amnistía fiscal”),” estoy al corriente de mis obligaciones con Hacienda” ( lo que equivale a ” ¿os creíais muy listos?), “no es lo que parece” ( en las comedias de enredo hay comentarios parecidos, pero pensados para situaciones diferentes).

    Estas frases recuerdan también a lo que el Sr Baltar, ex Presidente de la Diputación de Ourense, decía a “sus” alcaldes cuando éstos protestaban considerando exagerados el número de votos que debían obtener en sus municipios: “nada de disculpiñas”. Pues eso, nada de disculpiñas; os han cogido con el carrito de los helados, y naturalmente creer que se está al corriente de obligaciones tributarias cuando se tiene el dinero en un paraíso fiscal, es tener un concepto muy elevado de la condición humana, o estar en la inopia. Después de molestarse en llevarlo lejos, en lugar de ir al banco de la esquina, y sabiendo que nadie de la AEAT sabe cuánto se tiene allí, y que además no pueden comprobarlo ¿alguien cree que, sí se declara, se va a declarar todo lo que de verdad hay? En Mossack & Fonseca no hacen “paralelas” y declarar algo, en esas condiciones, es casi un acto de heroísmo cívico, que casa muy mal con el entorno, y la filosofía, de un paraíso fiscal y de sus paradisíacos moradores.

    No parece que los paraísos fiscales vayan a desaparecer, eso no les interesa a quienes  de verdad mandan; basta ver la lista de los que hay, en donde están situados y como se han comportado, y se están comportando, algunos países, incluso de la Unión Europea, para llegar a esa conclusión. Tal vez se aplique aquello de “si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie” en la mejor tradición lampedusiana.

    Por supuesto que lo de la ejemplaridad, lo de la justicia social, lo de la ética, lo que señala el artículo 31 de la Constitución ( todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica, mediante un sistema tributario justo basado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso tendrá carácter confiscatorio) y todo lo que se puede añadir, dicen muy poco a todo cuanto insolidario saca provecho de lo que aportan los demás, sin que ellos arrimen el hombro.

    Tal vez eliminar el dinero físico, tanto en monedas como en papel, pudiera también eliminar, en todo o en parte, los paraísos fiscales y el fraude, pero para eso también haría falta voluntad política que, pese a todo lo que se diga, no existe. Perder los espacios de libertad y privacidad, que proporciona el papel moneda, solamente merecería la pena sí a cambio se consigue algo verdaderamente importante; lo malo es perderlos poco a poco, como le pasa ahora al común de los mortales, a cambio de nada.

     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook