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  • 26
    Abril
    2015

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    Declaración de la renta asesoramiento incompatibilidades

    Presentar la declaración del IRPF no lava conductas

    Cuando algún preboste, real o presunto, es cogido con el carrito de los helados, o con las manos en la pasta, lo primero que dice es algo parecido a: “aquí está mi declaración de la renta, en donde figuran los ingresos obtenidos por esa actividad”.

    Lo primero, pero no lo único, que hay que decir es que faltaría más que no los declarara, salvo que tanto el preboste, así como quién le paga trabajaran en negro. Esto puede hacerse, y es de suponer que se hace, pero para ello el pagador tiene que “olvidarse” del modelo 347 de la AEAT “Declaración anual de operaciones con terceras personas”, en donde deben de figurar todos los pagos superiores a 3.005,06 euros, y el cobrador también tiene que “olvidarse” de incluir ese ingreso en su declaración de la renta. De modo que mérito ninguno,se trata de cumplir una obligación; no hacerlo supondría añadir el fraude, o el delito, fiscal a la presunta conducta inapropiada. Hacer la declaración de la renta no “lava” lo declarado, solamente evita posibles sanciones por no hacerlo.

    Yendo un poco más allá la declaración de la renta no supone la inexistencia de otras rentas ocultas al fisco. Al matrimonio Bárcenas/Iglesias les salía negativa, y todos conocemos, por los datos que suministra la AEAT, el importante volumen de fraude fiscal existente por este concepto. En la declaración de la renta que presentan nuestros representantes, a modo de prueba de “limpieza de sangre” no hay nada”impropio”; nadie declara contra sí mismo, y menos un político. Sí lo hubiese tal vez sería detectado posteriormente por  la AEAT, y, salvo que fuese un delito y se judicializara, no sería de conocimiento público.

    En resumen, hacer pública la declaración de la renta, voluntariamente, está muy bien y es un ejercicio de transparencia, pero no demuestra nada de lo que se pretende demostrar: hacerla es una obligación, pueden existir declaraciones complementarias que no se hacen públicas, no justifica conductas y no hay garantía de veracidad en lo presentado.

    En el caso de los Srs. Pujalte y Trillo existe además otra cuestión que, al menos suscita dudas. Ambos manifiestan tener concedida la compatibilidad para llevar a cabo labores de asesoramiento. Hay que entender que esa compatibilidad es genérica; que en ella no figuran ni las tareas concretas que pueden ser objeto de asesoría, ni las empresas o particulares que pueden ser asesorados ni la modalidad del asesoramiento-verbal, por escrito y con o sin cafelito de por medio, como hacía el hermanísimo del Sr. Guerra en “su” despacho de la Delegación del Gobierno de Sevilla, a finales de los ochenta.

    Olvidándonos de D. Juan Guerra-casi todo está inventado y la historia se repite – hay dudas, tanto legales como morales, acerca de sí esa compatibilidad puede entenderse como habilitante para asesorar a empresas constructoras que contratan con las Administraciones Públicas. Bonito, lo que se dice bonito, no es, y lo del asesoramiento verbal, y quincenal, mientras se toma un cafelito, sin que exista un solo papel por medio ,tampoco tiene muy buena pinta.

    En fin es de suponer que las brillantes cualidades, como asesores, de los Srs. Pujalte y Trillo puedan desarrollarse plenamente, y brillen con luz propia, en el campo privado o en labores de partido, a partir de 2016, una vez liberados de las ataduras que, tal vez, les impone su presente situación administrativa; tienen muy crudo continuar en sus actuales puestos en la próxima legislatura.

     

     

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