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  • 21
    Mayo
    2015

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    Impuestos déficit público tasas desequilibrios

    Promesas y 2016

    De las tres cifras macroeconómicas más importantes- balanza por cuenta corriente, déficit y deuda – vamos a detenernos en una: el déficit público, es decir la diferencia entre lo que se gasta y lo que se ingresa, incluyendo al Estado, a las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos.

    El compromiso de nuestro país con la Unión Europea es el que se refleja en el siguiente cuadro. En 2014 no se cumplió al sobrepasarse en 3 décimas el objetivo previsto. Hay que decir que el déficit público de España, en ese año, ha sido el mayor de la zona euro.

     

                  Año                   2014           2015       2016        2017

                  Déficit               5,5%(1)        4,2%       2,8%       1,1% 

                   (1)El déficit real fue el 5,8%

     

    Naturalmente alcanzar esas cifras puede resultar relativamente fácil si el crecimiento de la economía es importante. Durante la burbuja inmobiliaria éramos, en términos de fiscalidad pública, ricos y eso permitió muchas cosas buenas y alguna que otra alegría propia de nuevo rico –rebaja del IRPF, cheque bebé, aumentar la hucha de las pensiones etc.etc.-. Sí ahora se consolida el crecimiento y se aprovecha ese tirón para encauzar los otros dos desequilibrios macroeconómicos- balanza por cuenta corriente y deuda pública- los ciudadanos sufriremos moderadamente los rigores fiscales que se avecinan.

    La pérdida de ingresos sí se cumplen las promesas electorales – rebaja o eliminación del impuesto de sucesiones, disminución del IBI etc.etc.- será muy importante y bajar los gastos en esa misma medida no será nada fácil. Cabe también no cumplirlas, ejemplos no nos faltan, y es que ya se sabe que, a menudo, las promesas electorales tienen fecha y hora de caducidad: finalizan a las 20 horas del día en que se vota.

    Por eso se oyen comentarios nada tranquilizadores sobre las desaladoras, las autovías y los tan traídos y llevados impuestos medioambientales, que tienen una excelente prensa, naturalmente hasta antes de que haya que pagarlos.

    Sobre las desaladoras se oye, muy quedamente, que hay que repercutir sus costes, y las medidas contra la contaminación que producen, en el recibo del agua. Se supone que en las zonas donde funcionen, aunque ya se sabe que la solidaridad bien entendida comienza por los otros.

    Las autovías tienen un defecto: cuesta muchísimo mantenerlas. Pero hay un mogollón de buenos samaritanos dispuestos a encargarse de ellas, y también a rascar los bolsillos de los usuarios para que, de acuerdo con la moda que pretende imponerse, paguen quienes las utilicen en lugar de considerarlas un bien público. Ya se sabe que se propone, por muchos, cambiar impuestos por tasas por aquello de que donde mejor está el dinero es en el bolsillo de los contribuyentes, cosa que es cierta, pero ma non tropo. Las tasas son iguales para todos, los impuestos no, y quienes más tienen más pagan; sí se cree en la justicia social, en el estado de bienestar y en la función redistributiva de los impuestos no puede aceptarse ese mantra sin matizarlo.

    Se oyen también comentarios sobre la imposición de tasas medioambientales a los aerogeneradores. Motivos hay los que se quieran y no hace falta ser muy imaginativo para buscarlos, pero para trasladar esa tasa al consumidor de electricidad hacen falta algunas complicidades, aunque el recibo de la luz aguanta, de momento, todo lo que echen.

    En enero de 2016,sino antes, habrá que darle una vuelta, tanto a lo que ocurre como a nuestros bolsillos.

     

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