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  • 16
    Marzo
    2015

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    Ciudadanos activos

    Quejas,sugerencias y protestas

    Muy a menudo, cuando se habla de problemas que afectan a nuestra vida cotidiana, oímos el comentario de que “no se puede hacer nada” o también que “no sirve de nada protestar”. Creo que es, como nos enseña la experiencia, una actitud totalmente equivocada, y que la única queja o protesta que no sirve es la que no se hace. Naturalmente es más cómodo adoptar en esa postura y permanecer en ella resignados, o esperando que sean otros los que hagan el trabajo que deberíamos de hacer nosotros, cuando algo afecte a nuestros legítimos intereses o derechos.

    Varios ejemplos de que las protestas si sirven: las “mareas blancas” de Madrid que intentaban, y consiguieron, parar la externalización/privatización de los servicios sanitarios en esa Comunidad; la reapertura judicial del caso del accidente del metro de Valencia, a raíz de un programa de televisión y de las protestas mantenidas durante años por los familiares de las víctimas; la prevista solución para los afectados por la hepatitis C ; los cambios legales, realizados o en curso, de nuestras normas hipotecarias; la supresión de las tasas judiciales para los particulares; la solución dada por varias de las antiguas Cajas de Ahorro, y por varios bancos, al tema de las preferentes.

    Una protesta, o queja, recibida en cualquier entidad, pública o privada, tal vez no tenga efecto, pero sí sí la queja o sugerencia se repite suficientemente lo tendrá. Ninguna entidad, salvo que quiera suicidarse, soporta que su reputación, o sus servicios, se cuestionen pública o masivamente. Las sugerencias, o quejas, solamente necesitan dos cosas para prosperar: que sean justificadas y masivas. Lo de justificadas depende de cómo sea cada caso, lo de masivas depende de cada uno de nosotros; de modo que venzamos la pereza, la comodidad y el conformismo y adelante con los faroles, es decir protestemos formalmente cuando corresponda.

    Los ciudadanos tenemos, también, otra arma de destrucción masiva: nuestro dinero. Afortunadamente, aunque tenemos oligopolios no tenemos, casi, monopolios, de forma que cuando nuestra compañía de luz o de gas, nuestro proveedor de telefonía, nuestro banco y etc. etc. no nos sirva como merecemos cambiemos de proveedores o de banco. Lo hacemos ya, con mucha frecuencia, de supermercado o de proveedor de telefonía, pero poco de entidad bancaria, nos guste o no su forma de actuar en lo individual y en lo colectivo, ya que da un poco más de trabajo.

    La receta es la misma: menos quejas de palabra y más de obra. Hay mucha competencia en la banca y los trámites de cambio son prácticamente realizados por la nueva entidad, y además el que algo quiere -que las cosas cambien-algo le cuesta.

    Ser un ciudadano activo tiene sus servidumbres, pero también sus satisfacciones.

     

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