Blog 
Mirar y ver
RSS - Blog de Manuel Cores Espiñeira

Archivo

  • Sic transit gloria mundi.

    Está muy en uso el dicho de hacer la cobra y hay un ejemplo, muy reciente, de esa postura, como es la que nos ofreció el Sr. Margallo cuando intentó, sin éxito, evitar el saludo de Dña. Rita Barberá en el patio del Congreso de los Diputados. Tuvo que acudir, que remedio, a la llamada de Dña. Rita y despachar el encuentro de la manera más rápida posible, y es que la política desaparecida se había convertido en algo tóxico que había que evitar a toda costa, ya se sabe que sic transit gloria mundi.

    La política desaparecida había sido, durante veinticuatro años, alcaldesa de su ciudad y además de tener mando en plaza era un peso pesado dentro de su partido. La corrupción en su entorno, la alegría con la que gestionó algunas partidas del presupuesto, la pérdida de la mayoría absoluta que llevó tan mal- no estuvo en la entrega del bastón de mando a su sucesor- la investigación judicial sobre el llamado pitufeo y todas las demás circunstancias que llevaron a su nombramiento como senadora y a la expulsión, de esa manera, del partido, que ella ayudó a fundar, la convirtieron en carne de cañón para unos medios de comunicación, que no soltaban la presa que la suerte les había deparado.

    El patetismo que desprendía su figura, acosada por los medios y aislada y dejada a su suerte por parte de sus antiguos compañeros de partido, que rehuían cualquier contacto, al menos público, con ella ,y que despachaban cualquier pregunta al respecto con eso de que ya no pertenece al partido, la habían convertido en un juguete roto que llevaba mal su nuevo papel. La pérdida de la alcaldía sin tener un proyecto vital que la compensara, las críticas, el acoso mediático, la ingratitud, la expulsión del partido, las actuaciones judiciales, la soledad política, el abandono por parte de sus antiguos compañeros y, en suma, la cara amarga del comportamiento humano la llevaron a una depresión de la que se estaba tratando.

    Una reflexión sobre los veinticuatro años de permanencia en el cargo viene como anillo al dedo en este caso. Lo primero, así a vista de pájaro, es que parece excesivo, y en este caso evidentemente lo ha sido. Cuatro años pueden ser poco, en algunos casos es una eternidad, pero veinticuatro son muchos. La limitación legal debería de imponerse y llegar a un acuerdo de acotarlos a ocho o, incluso doce, no debería de ser demasiado difícil.Pero hay que hacerlo sin trampa ni cartón, y pensar si esa limitación es para el mismo cargo o para cualquier otro, y es que desprofesionalizar la vida política también tiene riesgos.

    También nos ha dejado en estos días una figura histórica que con luces y sombras ha sobrevivido a todos sus amigos y enemigos; evidentemente algo tendría. Hay que esperar que Cuba consiga una transición hacia la democracia sin apellidos, tal y como la conocemos en Europa, y aunque su situación de partida y su entorno es muy diferente, tal vez la nuestra puede servirles de modelo. Sin Fidel y, cuando llegue el momento, sin Raúl las cosas no podrán ser igual. Raúl Castro tiene, si quiere y puede, la tarea histórica de pilotar la transición de manera ordenada. De no hacerlo así no quedará nada de estos años de castrismo,y Raúl no tiene mucho tiempo para comenzar la tarea.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook