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  • 31
    Marzo
    2016

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    deuda Pactos déficit ingresos y gastos reformas y crecimiento

    Sobre déficit,deuda y pactos.

    Según los últimos datos, aportados por la Seguridad Social y las Comunidades Autónomas, un total de 14,16 millones de personas cobran alguna prestación económica de carácter público, lo que significa que el 30,5% de la población se beneficia de la acción protectora del Estado.

    La parte del león se la llevan las pensiones (9,3 millones de perceptores) que tienen sus peculiaridades, ya que la mayor parte de ellas tienen carácter contributivo, lo que supone, con matizaciones, que no se cobra nada de “eso”, sí no se ha aportado antes nada para “eso”. Hay que decir también que una tercera parte de las pensiones cobra un complemento, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, para que alcancen el importe mínimo fijado, para ellas, por ley.

    Los tres restantes grupos lo forman aquellos que perciben ayudas públicas por desempleo, tanto prestaciones como subsidios, pensiones no contributivas y rentas de inserción.

    Con estas cifras, y sabiendo además que el número de afiliados a la Seguridad Social es ligeramente superior a los 17 millones, se comienza a entender que la deuda pública se sitúe en el billón de euros (100% del PIB), que el déficit público en 2015 sea 5,16% y que cada año, para ir tirando, se tenga que recurrir a pedir algún que otro préstamo.

    La solución para mejorar esas cifras sería volver a tener 19,5 millones de afiliados a la Seguridad Social, como a mediados de 2007 en pleno boom inmobiliario, pero la cosa no se presenta nada fácil, y menos aún a corto plazo. Lo que oímos como posibles remedios son aumentos de impuestos y tasas y reducción de prestaciones, pero a las Diputaciones, a la administración paralela, al exceso de Ayuntamientos, a los chiringuitos como ACUAMED y similares, y a los demás organismos de dudosa utilidad, salvo para sus beneficiarios, ni tocarlos, y para este viaje no hacen falta alforjas.

    En todo caso tenemos no tanto un problema de gastos como de ingresos. Se recauda el 38,6% del PIB frente al 46,8% en la zona euro, y se gasta el 44,5% del PIB frente al 49,4%, también de la zona euro. Esto revela que queda mucho trabajo por delante en sociedades, autónomos, profesionales y en la economía sumergida para “recuperar” esos 8 puntos del PIB que nos separan de nuestros socios comunitarios en recaudación. Sí no se hacen los cambios legislativos, y de gestión, necesarios para acercarnos a lo que recaudan nuestros socios, continuarán el déficit y la deuda, hasta que Bruselas diga san se acabó. El actual gasto público, aunque sea menor que el de nuestros socios, no puede mantenerse con nuestro habitual porcentaje de recaudación,y menos si se trata de un año, como 2015, en el que electoralismo, en forma de una rebaja desigual de impuestos, se ha dejado sentir.

    Pero también hay que pedir, al menos, algo más para solucionar los problemas, ya que, sin necesidad de tener ningún doctorado en cualquiera de las prestigiosas escuelas de economía, todo el mundo sabe que sí se reducen las pensiones en el mismo porcentaje que su déficit las cuentas de la Seguridad Social se equilibran, y si se aumentan los impuestos y tasas, sin aumentar el gasto, las cuentas públicas también se equilibran, aunque aquí las cosas no son tan meridianamente claras. No se puede pretender que un modelo que genera el doble, o incluso el cuádruple, de paro que el que tienen nuestros socios de la Unión Europea se arregle en cuatro días, pero aquí nadie piensa más allá de las próximas elecciones, del tiente mientras cobro y de tener las estadísticas prendidas con alfileres, y así nos va.

    No estamos, ni mucho menos, en una situación como la que se vivía cuando se aprobó el Plan de Estabilización, que evitó la quiebra del país y promovió el desarrollo de los años 60, ni como cuando se firmaron, en 1977, los Pactos de la Moncloa, pero hay una profunda crisis en lo económico, en lo social, en lo político y en lo institucional que no se puede pudrir ni cronificar.

    Ya hemos visto que una mayoría absoluta, incluso absolutísima, no es una condición suficiente para hacer las reformas que el país precisa, incluso puede evitarlas. Sólo queda hacer de la necesidad virtud y esperar que la Divina Providencia ayude, y aparezca algún que otro estadista, políticos nos sobran y muchos, con la visión que tuvieron los del Plan de Estabilización y/o los de los Pactos de la Moncloa para que, de una vez por todas, lleguemos a tener un modelo de desarrollo propio de un país europeo avanzado.

     

     

     

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