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  • 06
    Marzo
    2015

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    Seguridad Socioal y gasto

    Sobre nuestro estado de bienestar.

    Antes de hablar de "estado de bienestar" un poco de historia. La seguridad social, moderna, surgió en Alemania en el año 1883, bajo la batuta del canciller Bismarck. Su ejemplo fue imitado en muchos países, entre ellos España en donde Eduardo Dato impulsó la ley de accidentes de 1900, y la creación, en 1908, del Instituto Nacional de Previsión (INP). Desde entonces ha llovido mucho y también hemos avanzado mucho.

    Las grandes partidas de gasto social son los 127.500 millones para el pago de las pensiones, según señalan los Presupuestos para 2014, y el, aproximadamente, 40% del presupuesto de las Comunidades Autónomas que supone el gasto sanitario.

    Con 17 millones de personas cotizando es difícil mantener todo lo que tenemos, y el Estado tiene que endeudarse pidiendo prestados 104.000 millones de euros en 2015, con lo cual se sobrepasará el 100% del PIB en deuda. Se necesitan alrededor de 22 millones de personas trabajando para que todo lo que tenemos pueda mantenerse. Seguir endeudándose sin límite no es posible, los préstamos, salvo que se condonen, hay que devolverlos y para eso hay que crear riqueza y empleo, que se supone que es para lo que deberían servir los préstamos.

    En estas circunstancias pedir rebajas de impuestos, o disminución de las cotizaciones, sin medidas de ahorro en otras partidas de gasto menos necesarias- eliminando Diputaciones, concentrando Ayuntamientos, suprimiendo chiringuitos y cortando tantas duplicidades y tanto gasto inútil como existe- no es compatible con el mantenimiento del gasto social. Milagros los justos.

    En los programas de los partidos políticos- ya saben, esos que según decía el profesor Tierno están para no cumplirse- no suele decirse nada que suene a menoscabo de lo que tenemos, salvo llamadas a la racionalización, a la mejor gestión y a otros cuestiones semejantes con las que no es difícil, así en abstracto, estar de acuerdo. Pero lo cierto y verdad es que ha habido recortes importantes en el gasto sanitario, en el gasto social y en la práctica se han congelado las pensiones, que crecen el 0,25%.

    A pesar de los recortes habidos,en años precedentes, continua la necesidad de pedir prestado- 104.000 millones- para ir tirando. No es previsible que en un año electoral se reforme nada, pero no hay que ser adivino para no intuir que en enero de 2016 sucederán algunas cosas. No llegaremos a 22 millones de cotizantes, tal vez sean, ojalá, alrededor de 18 millones, y habrá que tirar de deuda, pidiendo más préstamos si ello fuera posible y prudente ,  y hacer reformas y recortes para mantener, en lo esencial, lo que tenemos.

    Con 22 millones de personas, y sueldos razonables, habría cotizaciones sociales y recaudación fiscal suficiente para mantener lo que tenemos.Si no fuese posible alcanzar esa cifra, en un plazo razonable de tiempo, los recortes tendrán que continuar.

    La pregunta es ¿por donde  podrían ir los tiros?. Sí por fin el Gobierno, sea el que sea, se decide a reformar la Administración (no basta con la e-administración) suprimiendo lo suprimible, que es mucho, se habrá dado un gran paso, pero tal vez no sea suficiente, y haya que acudir a adelantar la entrada en vigor de las medidas de reforma de las pensiones ya previstas o en estudio (jubilación a los 67, cómputo de 25 años o de toda la vida laboral para el cálculo de la pensión, factor de sostenibilidad para el cálculo de la cuantía inicial, reforma de la pensión de viudedad y…. lo que venga) , a aumentar los copagos, a “retocar” el IVA ,a implantar impuestos medioambientales, lo que suenan muy bien, y etc. etc.

    El catálogo de horrores puede ampliarse;la imaginación en este sentido no tiene límites.

    En resumen pagar más y recibir menos ¿verdad que esta frase suena?.

     

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